VIVENCIAS
Intenciones sin descanso
En nuestras parroquias hay un fenómeno digno de estudio: los difuntos más solicitados del calendario litúrgico. Hay nombres que aparecen con tal frecuencia en las intenciones de Misa que uno llega a preguntarse si descansan… o si están en turno rotativo.
No hay día en que no se pida por ellos. Mañana, tarde y noche. A veces, con tanta insistencia, pareciera que algunos familiares han decidido asumir personalmente el control del purgatorio. No se sabe si por devoción… o por desconfianza en los tiempos divinos.
Se entiende, claro está, que ofrecer intenciones por los difuntos es una práctica antigua, noble y profundamente cristiana. La Misa es, en efecto, la oración más grande que tenemos, y sus frutos participan del misterio mismo de la redención.
Pero una cosa es orar con fe, y otra muy distinta es convertir la intención en una especie de expediente acumulativo, como si se tratara de reunir suficientes méritos para “acelerar el trámite”.
A veces la pregunta surge, inevitable: ¿qué habrán hecho algunos para necesitar tantas misas consecutivas?
Más allá de la broma, conviene recordar que la Iglesia no establece un límite rígido, pero sí apela a la conciencia. La Misa no es un trámite ni un mecanismo repetitivo. Es, ante todo, acción de gracias.
Quizás el problema no sea la cantidad de intenciones, sino la forma en que se entienden.
Porque al final, más que insistir sin descanso, lo que se espera es confiar.
Y, sobre todo, dejar a Dios hacer su trabajo… que suele hacerlo bastante bien.

