SIN PAÑOS TIBIOS
El gobierno perdió el pleito
Por definición, todo gobierno subsume en sí mismo las contradicciones dialécticas de una sociedad en un momento dado. Sin importar país, cultura o época, la acción o inacción de un gobierno es medida en función de las expectativas o aspiraciones que tienen los gobernados, de tal suerte que no importan las ejecutorias de los gobiernos anteriores o el clásico cliché de la experiencia comparada.
Al final, la gente se compara a sí misma con cómo estaba el año anterior, no en cómo estaba hace cuatro u ocho años, ni mucho menos le sirve de alivio que otros países están igual o peor. No. La gente sólo quiere mejorar su calidad de vida hoy, ahora –ya mismo–, y no sirven consuelos que apelen a pasados peores o promesas de futuros mejores. La “Pirámide de Maslow” sigue funcionando para explicar la jerarquía de las necesidades humanas, tan bien como siempre lo ha hecho.
Será materia para los historiadores del futuro determinar cómo el actual gobierno decidió inmolarse en la hoguera del caos del tránsito que nos consume a todos. No es sólo que todos los estudios están hechos, que las recomendaciones han sido dadas, que los diagnósticos sobran, que las estadísticas indican que somos uno de los países más inseguros del mundo en materia de movilidad vial, que los accidentes de tránsito son la principal causa de muerte no natural nacional, que el 70% de los fallecidos en accidentes de tránsito son usuarios de motores, –etc.–, sino que al gobierno le es irrelevante, insignificante y trivial la situación del tránsito, y se delita en la autocomplacencia y la indiferencia.
Ni el infame asesinato de Carlos Deybi Abreu Quezada –el pasado viernes 17, en Santiago–, ha removido las tripas de un gobierno incapaz, indolente. incompetente y negligente en materia de supervisión y fiscalización del tránsito, que prefiere mirar para otro lado mientras todo se derrumba, que tiene menos sensibilidad que una piedra al momento de expresar su empatía hacia una muerte absolutamente absurda y evitable.
Lleva razón el INTRANT en decir que las leyes están ahí, que lo que falta es aplicarlas. La pregunta es, ¿a quién le corresponde aplicarlas? ¿A la ciudadanía o a la DIGESETT? La respuesta está a ojos vistas, la DIGESETT no sirve para nada, ni para taco de escopeta. Las violaciones a las leyes de tránsito son constantes, diarias, persistentes, repetitivas –en aumento–, y la DIGESETT no hace nada, ni al gobierno le importa.
La fiebre no está en la sábana, dejémonos de paños tibios, aquí el único responsable del desastre del tránsito es el gobierno central. Y las horas que se pierden en el caos de nuestras calles, y los riesgos que se toman, y las leyes que se violan, y las vidas que desaparecen, son responsabilidad de este gobierno… de nadie más. La pregunta sigue siendo la misma de siempre: ¿el gobierno hará algo al respecto?

