Desde mi pluma
Bomba de tiempo que se hace costumbre
Aprovechando que la atención está centrada en el caso ocurrido en Santiago, donde un conflicto de tránsito con motoristas terminó en una persecución y en la muerte de un ciudadano, es oportuno mirar hacia otra realidad que también nos está costando vidas: la conducción temeraria de vehículos pesados, camiones y patanas, en nuestras carreteras.
Lo ocurrido esta semana en la autopista 6 de Noviembre vuelve a colocar el tema en primer plano. Un camión fuera de control provocó una tragedia que enluta a varias familias de San Cristóbal, entre ellas la de una joven embarazada y un niño.
La autopista 6 de Noviembre es una bomba de tiempo, un imán de tragedias y accidentes que pudieran evitarse si se tomaran cartas en el asunto. ¿Hasta cuándo será que estos choferes van a seguir jugando con la vida de los demás y con la suya propia? Exceden los límites de velocidad, hacen rebases sin la debida precaución, como si anduvieran solos en la vía.
Probablemente, República Dominicana no sea el país con mayor índice de accidentes de tránsito del mundo, pero sí es insano y alarmante el nivel de siniestralidad vial en relación con la cantidad de habitantes que tenemos.
Estoy segura de que, al igual que yo, si pudiéramos, muchos evitaríamos transitar la autopista, pero no podemos. Para muchos, especialmente para los sancristobalenses, no existe otro camino.
Entonces, ¿vamos a dejar que esto siga pasando? ¿Vamos a seguir contando víctimas mortales y actuar como si nada? Nos hemos acostumbrado, demasiado, a convertir los accidentes en cifras, hasta que nos toca, hasta que es alguien cercano. En pleno 2026, ¿cómo es posible que al Estado le siga quedando grande responder a esto? Porque se repite. Y lo estamos normalizando.

