enfoque
Diálogo sin estridencias: liderazgo sereno frente a la incertidumbre global
En medio de una coyuntura internacional marcada por tensiones geopolíticas, disrupciones económicas y desafíos energéticos, la decisión del presidente Luis Abinader de promover un proceso de consultas con expresidentes de la República y con el liderazgo empresarial revela una forma madura, prudente y estratégica de ejercer el poder.
Conviene precisar: no se trató de una gran reunión en el Palacio Nacional ni de una fotografía conjunta que resumiera el momento. Fueron, más bien, visitas de comisiones de gobierno, encuentros por separado, espacios discretos donde primó el contenido sobre la forma. Y es justamente ahí donde radica el valor de la iniciativa. Lejos de la espectacularidad, lo que se construye es un diálogo efectivo, enfocado en escuchar, analizar y recoger insumos diversos. En tiempos donde la política suele privilegiar los gestos simbólicos sobre los procesos sustantivos, resulta tentador afirmar que el gobierno carece de planificación. Sin embargo, sostener esa idea en el contexto actual es, además de simplista, profundamente equivocado. La planificación en escenarios de alta incertidumbre global no se decreta ni se exhibe: se construye paso a paso, integrando visiones, contrastando diagnósticos y afinando respuestas. La convocatoria a consultas segmentadas no es una señal de fragmentación, sino de método. Permite que cada actor —expresidentes, empresarios, líderes institucionales— pueda expresarse con mayor libertad, sin las presiones propias de un escenario público o colectivo. De este modo, el gobierno obtiene una lectura más rica, más honesta y, sobre todo, más útil para la toma de decisiones.
La sinceridad del presidente Abinader se manifiesta precisamente en esa disposición a escuchar sin imponer un guion preestablecido. Reconocer que la complejidad del momento exige abrir canales de comunicación amplios es, en sí mismo, un acto de responsabilidad. Ningún gobierno posee el monopolio de las ideas, y menos aún en un contexto internacional donde las variables cambian con rapidez.
La crisis geopolítica que enfrenta el mundo —con conflictos que tensionan los mercados energéticos, presiones inflacionarias persistentes y cadenas de suministro en transformación— impacta de manera directa a economías abiertas como la dominicana. Ante este panorama, la improvisación no tiene cabida. Pero tampoco la tiene la planificación cerrada, rígida, desconectada de la realidad dinámica que vivimos.
Por ello, este modelo de consultas adquiere también un valor educativo. Enseña que planificar no es simplemente trazar una hoja de ruta en solitario, sino construirla con quienes conocen distintas dimensiones del país. Educa en la importancia de la escucha activa como herramienta de gobierno. Y demuestra que la democracia se fortalece cuando sus actores principales participan, aunque sea desde espacios distintos, en la definición del rumbo nacional.
El liderazgo empresarial, por ejemplo, aporta una visión concreta sobre el comportamiento de los mercados, la inversión y el empleo. Los expresidentes, por su parte, ofrecen la experiencia acumulada de haber enfrentado crisis de diversa naturaleza. Integrar esas perspectivas, aunque sea a través de reuniones separadas, permite al gobierno afinar su estrategia con mayor precisión.
Más que la imagen de una mesa común, lo relevante es la construcción de un pensamiento común. Un país no necesita necesariamente una foto conjunta para demostrar unidad; necesita decisiones coherentes, informadas y sostenidas en el tiempo. Y esas decisiones, en contextos complejos, solo pueden surgir de procesos serios de consulta. En definitiva, calificar este esfuerzo como ausencia de planificación es desconocer la naturaleza misma de la buena gobernanza. La planificación real no siempre es visible en un acto público; muchas veces ocurre en la discreción de las conversaciones, en la profundidad de los análisis y en la voluntad de integrar visiones distintas. En tiempos de incertidumbre global, esa es, precisamente, la forma más responsable de gobernar.

