enfoque
Sesenta años de la UNPHU
El orgullo de pertenecer
La mañana de la inauguración de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña permanece grabada con meridiana claridad en mi memoria.
Había en el ambiente una mezcla de ilusión y esperanza entre todos los que asistimos a la ceremonia en el antiguo campus. La República Dominicana veía nacer la primera institución de educación superior privada de la ciudad de Santo Domingo, llamada a contribuir al desarrollo intelectual y profesional del país bajo condiciones muy especiales.
Ese día tuve el honor de enarbolar la bandera nacional. Para un joven que apenas comenzaba a comprender lo que estaba ocurriendo, ese gesto quedó grabado para siempre en mi memoria. Aquel instante guarda también un recuerdo muy especial: quien me acompañó a izar la bandera esa mañana se convertiría, con los años, en mi esposa y compañera de vida.
Con el tiempo he comprendido que estaba presenciando el nacimiento de una universidad y, al mismo tiempo, el comienzo de una relación personal que habría de acompañarme durante toda la vida. Mi vínculo con la UNPHU comenzó incluso antes de convertirme en estudiante. Mi madre fue profesora fundadora, lo que me permitió conocer desde muy temprano el entusiasmo y la convicción de quienes impulsaban aquel proyecto académico inspirado en el humanismo y en el legado intelectual de Pedro Henríquez Ureña.
Unos meses más tarde inicié mis estudios de arquitectura y, años después, me incorporé a la docencia. La universidad que había visto nacer se convirtió entonces en el espacio donde se formó mi vida profesional y donde se consolidó una profunda identificación con su mística y su misión académica.
La vida me concedería posteriormente un privilegio que nunca imaginé: el de ser elegido rector de la misma universidad en la que me formé, convirtiéndome en el primer rector egresado de esta casa de estudios.
Dirigir una universidad implica custodiar una tradición intelectual; implica también preservar unos valores y mantener un equilibrio entre tradición e innovación, proyectando la institución hacia el futuro.
Durante éstas más de dos décadas, desde la Fundación Universitaria Dominicana y al frente de la Rectoría de la universidad, junto a fundadores, profesores y estudiantes, hemos trabajado para fortalecer la calidad académica, ampliar la oferta de programas, impulsar la investigación y consolidar la proyección internacional de la institución, fieles al propósito que inspiró su fundación: contribuir a la formación de profesionales capaces y ciudadanos comprometidos con el desarrollo del país.
La reputación de la UNPHU se mide, sobre todo, por sus egresados. Miles de profesionales formados en esta universidad han llevado su conocimiento y su vocación de servicio a distintos ámbitos de la vida nacional e internacional.
Recuerdo que, en una de las primeras entrevistas que me hicieron recién electo Rector, un periodista me preguntó: “Rector, ¿cómo va la universidad?”
Respondí sin dudar: “Como van sus egresados.”
Lo sigo creyendo hoy. La mayor prueba del éxito de una universidad se encuentra en sus egresados: en su capacidad profesional, en su integridad y en el aporte ético que hacen a la sociedad.
Ellos representan, en definitiva, el legado más valioso de esta institución.
Al cumplir sesenta años, la UNPHU, con más de cuarenta y tres mil egresados, reafirma su compromiso con la educación, con el pensamiento libre y con la formación de nuevas generaciones que habrán de continuar construyendo el futuro del país.
Para mí, recorrer esta historia produce una mezcla de gratitud, orgullo y responsabilidad. Gratitud hacia quienes imaginaron esta universidad y la hicieron posible. Orgullo por lo logrado en seis décadas. Y responsabilidad frente a un futuro en construcción.
Las universidades se reconocen, además, en la calidad de las ideas que cultivan y en la huella que dejan en la vida de sus egresados.
Sesenta años después, aquella bandera que vimos elevarse el día de la inauguración continúa representando el mismo compromiso: el de una universidad al servicio del conocimiento, de la libertad intelectual y del desarrollo inclusivo y sostenible de la República Dominicana.
Porque para algunos de nosotros la historia de la UNPHU no es solo la historia de una institución.
Es también, inevitablemente, el orgullo de pertenecer.
El autor es Arquitecto,
Rector de la UNPHU.

