SIN PAÑOS TIBIOS

“Y el km. 9, ¿pa’ cuándo?” (02)

El pasado 17 de julio de 2025, bajo el mismo título que encuadra este artículo, hacíamos una serie de reflexiones y cuestionamientos al Ministerio de Obras Públicas (MOPC), en torno al nivel de ejecución de los trabajos realizados en el km 9 de la Autopista Duarte.

Hoy, 278 días después, no sólo podemos repetir el título del citado artículo, sino que podríamos publicarlo de nuevo in extenso, y las reflexiones y preguntas serían las mismas, porque las motivaciones subyacentes que las originan siguen siendo las mismas: “la manifiesta incapacidad del… [MOPC] de finalizar obras a tiempo”. La ampliación del km 9 “se ha erigido –precisamente por su ubicación– en un indicador que mide diariamente la eficiencia del ministerio, por no decir su “Talón de Aquiles”.

En los hechos, menos se hubiera tardado en parir un muchacho que en dar los retoques finales a ese trapo de entrada; e incluso, en otro contexto carecería de relevancia, a no ser que por la misma transitan diariamente 120,000 carros; 120,000 testigos (¿multiplicados por cuántos pasajeros?) obligados de un nivel de incompetencia que sólo es superado por un nivel aún mayor de indiferencia y negligencia.

Nadie en el gobierno –nadie– parece dimensionar, en toda su extensión y profundidad, el carácter simbólico y sentido semiótico de una obra vial que fue iniciada el 24 de febrero de 2022 y que prometía estar lista en 10 meses; y que, pasados cuatro años, un mes y 28 días, todavía no ha sido terminada; y, peor aún, no ha sido asumida con el nivel febril y urgente que en cualquier otro país ameritaría el caso y el contexto. Por el contrario, se ejecuta a un ritmo de España Boba, a una velocidad que, sin proponérselo, caracteriza el modus operandi de toda la gestión del MOPC: la lentitud.

Porque la ampliación del km 9 demuestra que “una muestra vale para un todo. Se trata de un símbolo, de un mensaje, de una declaración de competencia”, pero nadie parece darse cuenta. Cruzar cada día por ahí es un suplicio para quienes lo hacen y una vergüenza para quienes observan el ritmo de los trabajos, la demora como política pública, la indiferencia como estrategia de comunicación y la dilación como razón de Estado.

Mediáticamente, el relato de las obras públicas está perdido para el gobierno. A nivel nacional, no importa qué, cuánto y dónde construya, ni los impactos positivos de sus cientos de ejecuciones. Lo que queda en el imaginario colectivo es que cuatro años después, el km 9 aún no está listo… nada más.

Mientras, la obra sigue a su ritmo, los tapones continúan, y en una delicada proporción de soberbia, indiferencia e ineficiencia, se mezclan cada día los ingredientes que abonan el descrédito ciudadano, la pérdida de confianza, la erosión de la esperanza… Pero, al parecer, eso tampoco importa.