Oye País

51 años después

Hace 51 años, recuerdo como hoy aquella noche nefasta, la nación fue sacudida por el atentado a tiros, por militares, de manera vulgar, alevosa, que segó la vida del calificado periodista Orlando Martínez.

Conocí a Orlando -era seis años mayor que yo-, una relación de apenas saludos y algún que otro intercambio en conversaciones de amigos, de compañeros periodistas de la época, los ’70 del siglo pasado. Yo acababa de cumplir los 25 y Orlando tenía 31 en aquel marzo de 1975, cuando la bala asesina terminó con su vida.

Orlando se convirtió en un mártir de la libertad de prensa, como Gregorio García Castro, entonces jefe de Redacción de Ultima Hora, también alevosamente asesinado a tiros por militares, en plena calle, otra noche nefasta dos años antes, el 28 de marzo de 1973.

Orlando trabajaba en el diario El Nacional y la Revista Ahora, ubicados en la avenida San Martín, alejada geográficamente del Listín y El Caribe, en la Zona Colonial, donde, en La Cafetera, en El Conde, los periodistas nos encontrábamos cotidianamente. Ello no nos alejaba. Los periodistas éramos, entonces, ‘unos pocos’ y, de alguna forma, nos conocíamos todos.

Orlando, Goyito, abonaron con su sangre la tierra que ha parido el estado de libertades, especialmente la de prensa y expresión, que hoy disfrutamos plenamente.

Por ello la nación, aún insatisfecha por aquellos asesinatos, saluda hoy el reconocimiento del gobierno, por decreto del presidente Abinader -en nombre de la sociedad y bajo propuestas del dirigente político, funcionario, comunicador, Guido Gómez Mazara-, que otorga el nombre de Orlando Martínez al nuevo edificio del Indotel, al tiempo que le otorga, póstumo, una condecoración nacional.

¡Honor, a quien honor merece!