Tribuna del Atlántico
Más que Rompe Saragüey, orar por un 2026 mejor
Despedir un año, ha estado acompañado siempre de actos o eventos tradicionales, conforme a las creencias de cada pueblo, las Saturnales de los romanos, las Panateneas de los griegos etc., con frecuencia con rituales para atraer la buena fortuna, para que el año sea de buenas cosechas, etc.
En las tradiciones afroantillanas el uso de la ruda, el Rompe Saragüey y el agua de Florida, acompañan rituales que buscan despejar los malos espíritus y atraer cosas buenas para el año que inicia.
Hasta el gran cantante puertorriqueño, Héctor Lavoe, “La Voz”, gravó una canción titulada Rompe Saragüey, no dice mucho, pero alude a las creencias populares y a que, “con los santos no se juega”, por ejemplo.
Algunos han incorporado la tradición española de comer las 12 uvas, que allí se inició cuando el nuevo año lo marcaban las 12 campanadas de las iglesias, a las 12 de la noche, para atraer buena fortuna en cada mes del año.
El año que termina, calificado por el expresidente Leonel Fernández y por algunos comunicadores, como horrible, en clara referencia a la expresión latina, “Annus Horribilis”, relativa a esos años en que predominan las dificultades, como lo fue, por ejemplo, el 1992 para la reina Isabel y el Reino Unido.
Salpicado por escándalos por los políticos implicados en casos de drogas, por los casos de corrupción que han manchado la actual gestión de Gobierno y que tienen su culmen en el caso SENASA, por la delincuencia que no cede un ápice, un crecimiento económico que resulta pírrico para los niveles que habíamos mantenido por años, entre otros muchos hechos negativos, el 2025 concluye como un año malo, quizás realmente horrible, para el país.
Como si no hubiéramos tenido suficiente, el colapso de una edificio en construcción, para un hospital en Azua y la rotura de una de las tuberías principales en el acueducto de Santiago, nos ponen de frente a carencias insólitas para entrar en el segundo cuarto del siglo XXI.
No voy a hablar aquí de nuestro atraso en el manejo de los residuos sólidos, ayer veía un documental que hicimos hace 25 años, junto a otros tres colegas de Puerto Plata, en el marco de un curso que nos ofreció la Universidad Técnica de Berlín, y, francamente dan ganas de llorar, lo poco que hemos avanzado en ese renglón en un cuarto de siglo. Pero ese es otro tema.
De ahí que no parezca ocioso, como han sugerido algunos, que se busque hacer algún despojo, con ruda o rompe paragüey, presentes en la santería, para alejar todo lo negativo de este año y que el 2026, sea mejor.
En atención a nuestra tradición cristiana, podría ser mejor, más conveniente, algún acto de contrición y sobre todo, una oración colectiva para pedir la misericordia del Eterno y de su hijo Jesús, para que las cosas cambien para bien en nuestra nación.
No sé, tal vez un sencillo servicio religioso en el que participen sacerdotes y pastores, para poner en las manos del creador nuestras preces para el año por venir.
En fin, que desde el Gobierno y de todos los sectores, necesitamos más que 12 uvas y ramas de diverso tipo, una clara actitud para buscar la bendición de Dios y que el 2026 traiga mejores vientos para todos los dominicanos.
Ojalá.

