SIN PAÑOS TIBIOS
El problema del día después
Como en una coreografía cuidadosamente ensayada, los pasos se realizan uno tras otro, siguiendo un guion previamente establecido.
El 03 de noviembre, “luego de un cuidadoso análisis de la situación en la región”, el gobierno dominicano suspendió la X Cumbre de las Américas –prevista para el 05 de diciembre–, con el consenso de los “socios más cercanos, incluyendo Estados Unidos”. El anuncio justificaba la decisión por las “profundas divergencias” actuales; como igual podía haber dicho que los mensajes diplomáticos de lugar fueron transmitidos claramente; o que, ante el inusitado despliegue militar norteamericano en el Caribe sur, la proyección de cómo evolucionarían los acontecimientos no auguraba nada bueno, ni mucho menos un ambiente distendido en la Cumbre.
Tres semanas después, todo se ha complicado. Estados Unidos ha estrechado el cerco militar, económico y político sobre el régimen chavista, y, con la pericia de un hábil sepulturero, pone cada día un clavo al ataúd de su adversario.
Con Maduro y sus colaboradores señalados como cúpula del denominado “Cartel de los Soles” y su designación como “Organización Terrorista Extranjera” –por parte del Departamento de Estado– jurídicamente, todas las opciones están sobre la mesa. La visita del Jefe del Estado Mayor Conjunto a Puerto Rico; el despliegue de un 20% de la flota estadounidense frente a Venezuela; la activación de “Lanza del Sur”; el aumento de la retórica belicista, etc.; hacen suponer que, sea cual sea el desenlace final, está cerca.
Mantener todo el despliegue logístico militar es insostenible en el tiempo. Los gastos operativos son millonarios y el costo político interno que podría suponer para el presidente Trump tener “parqueada” la Cuarta Flota frente las costas venezolanas –sin lograr en corto plazo objetivos políticos o militares medibles–, podría ser muy alto, sobre todo con elecciones de medio término en un año.
Si “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, el objetivo de cualquier acción militar será, en última instancia, lograr un objetivo político. En este caso, el relato justificativo construido impediría, no sin bajas reputacionales, cualquier solución transaccional cosmética. Así como Maduro ha sabido salir fortalecido en cada embestida anterior, las concesiones que su régimen tendría que hacer en esta ocasión para evitar la escalada, deberían ser superiores al costo financiero, político y reputacional que significa para Trump todo el despliegue militar, las acciones diplomáticas y el discurso.
La pregunta no es “qué”, sino “cómo” y “cuándo”. Sea por causas internas (traición, implosión, golpe, quiebre psicológico) o externas (ataques selectivos, operaciones encubiertas, desembarco), sobre la mesa aún no está lo más importante: ¿qué hacer el día después? ¿Transición impuesta o negociada? ¿Respetar la voluntad popular, pisoteada en 2024? ¿Convocar elecciones? (¿Quién las organiza?). O (los clásicos), ¿“junta militar” o “gobierno provisional”?
La incertidumbre política no pude durar mucho tiempo… ni la amenaza militar tampoco. Si la situación no es sostenible, en algún momento, alguien deberá ceder.

