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Séneca y las encuestas

El pasado 17 de agosto, 6.9 millones de bolivianos acudieron a las urnas para sus elecciones presidenciales. El resultado fue el paso hacia una segunda vuelta de los candidatos Tuto Quiroga por la Alianza LIBRE y Rodrigo Paz del Partido Demócrata Cristiano (PDC), significando esto el fin del dominio político disfrutado por el Movimiento Al Socialismo (MAS) durante los últimos 20 años. Todo un suceso que nos lleva además a hacer varias lecturas puesto que, si bien todas las encuestas preelectorales vaticinaban el colapso izquierdista, ninguna siquiera se acercó a vaticinar la composición de la segunda vuelta a celebrarse el próximo 19 de octubre.

A lo largo de la campaña que duró tres meses, fueron publicadas 11 encuestas sobre la intención de voto, realizadas por cuatro firmas de renombre, para los medios de mayor alcance en el país. En todas, sin excepción, la competencia tomaba cuerpo entre el expresidente Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina, candidato del Bloque de Unidad. Este último encabezó 9 de las 11 mediciones, muy atrás estuvo Rodrigo Paz, que si bien logró subir del séptimo lugar al tercero cuando cerraron los estudios de opinión, a una semana de la votación, nunca logró siquiera marcar doble dígito.

El resultado de esta primera votación sorprendió a todos cuando Doria Medina queda fuera, con 19.85%, mientras Tuto rebasó en 5 puntos el promedio de las mediciones para llegar a 26.68% mientras el senador Rodrigo Paz se dispara al primer lugar con un 31%, es decir, 25 puntos más que su average. A partir de ello, Bolivia ingresa a la creciente lista de países donde las encuestas han fallado durante la última década, sumando 9 procesos electorales con esta particularidad. En términos llanos, actualmente hay tres presidentes latinoamericanos en ejercicio cuya intención al voto y mediciones previos a los ecrutinios, no indicaban favorabilidad electoral, son ellos los presidentes de Costa Rica, Ecuador y Guatemala. ¿Quiere esto decir que debemos olvidarnos de las encuestas como herramienta de estudio y análisis? De ninguna manera, lo que sí debemos voltear la mirada en el sentido para lo cual fueron originalmente concebidas. Pensar en ellas como un instrumento de trabajo y tomar distancia de los llamados surveys con fines propagandísticos. Aquellos que entienden esto, logran sobrellevar las coyunturas que puedan presentarse más allá de su control, mientras que quienes siguen pensando que basta con salir arriba en las encuestas para ganar, quedan la mayoría de las veces preguntándose ¿Qué fue lo que pasó?

Envalentonarse cuando hay un buen pronóstico o desmotivarse cuando los sondeos no te ponen en la posición que deseas parece un grave error. Por eso, durante los últimos 30 años que he encargado encuestas, como herramienta técnico-complementaria de mi ejercicio político, rara vez me he enfocado en quien encabeza en simpatía, más bien profundizo tratando de entender, ¿Qué le preocupa a la ciudadanía?, ¿Qué le inspira?, ¿En qué confía?, ¿Qué rechaza?, ¿Hacia dónde quiere llegar?, ¿Cuál es la nación que se imaginan?

En mi caso particular cuando me tocó competir por el voto popular lo puse en práctica. Salí en 2002 con el escenario en situación desfavorable, toda vez que fui nominado por una organización que a todas luces venía perdiendo terreno. A pesar de ello, logré ser electo en cuatro ocasiones como diputado por el Distrito Nacional, incluyendo una como el más votado, por encima de un gobierno que entonces se encontraba en su apogeo.

Dentro de muchas razones destaco la coherencia de mis ideas y el trabajo tesonero, así como el procesamiento adecuado de la data que emana de los estudios y mediciones; estas fotos momentáneas me sirvieron para ajustar la brújula y modelar la estrategia política.

Ya en otro escenario, muchos años después, si hubiésemos cometido el error de solo pensar en quién está arriba o abajo según el momento, lo más probable es que en 2016 no nos sumábamos a apoyar a Luis Abinader. Pero este, conocido por una magna capacidad interpretativa de la sociedad, mostraba un plan de más largo plazo, con el que finalmente no solo triunfó en 2020, se reeligió en 2024 y creó la fuerza política más grande que ha conocido el país.

Cuando paso balance retrospectivo de la asertividad de las encuestas y su valor científico predictor, en contraposición como mecanismo disuasivo de corte publicitario, debo reconocer que con la guerra persuasiva si avanza, de ello no hay duda, pero con la interpretación adecuada de la data que se recoge en las mediciones, se camina en la dirección correcta, que de ordinario es la victoria política.

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