empezó haina a moler
¿Quién soy yo para juzgar si una mujer decide abortar?
Cuando terminamos de estudiar medicina y nos convertimos en profesionales que la ejercen, asumimos un rol fundamental: mantener y cuidar la salud mediante el estudio, el diagnóstico y el tratamiento, sin sesgos personales ni prejuicios. Solo así nos convertimos en lo que realmente fuimos formados para ser: médicos.
Aproximadamente en el año 460 a.C., el médico griego Hipócrates, fundador de la escuela hipocrática, elaboró el Juramento Hipocrático, una guía ética para el ejercicio de la medicina. En estos tiempos, es bueno recordar sus pilares y cómo ha sido necesario adaptarlos a la realidad actual.
Estas modificaciones han sido realizadas por la Asociación Médica Mundial (AMM), el organismo que representa a los médicos desde la Segunda Guerra Mundial con la Declaración de Ginebra, y que hasta hoy continúa realizando cambios importantes.
¿Cuáles han sido estas modificaciones?
Según la AMM:
1. Del paternalismo a la autonomía del paciente
La versión inicial del juramento promovía una ética médica paternalista, centrada exclusivamente en la opinión del médico, lo cual podía justificar incluso abusos contra los pacientes. En los años 90 se incorporó el principio de autonomía, por lo que la versión actual del juramento incluye:
“Respetar la autonomía y la dignidad del paciente”.
2. Compromiso con la sociedad
El juramento inicial ignoraba las responsabilidades del médico con la sociedad. Por ello, hoy se incluye:
“Compartir mis conocimientos médicos en beneficio del paciente y el avance de la salud”.
3. Cuidado del médico
Reconociendo que la medicina es una profesión de alto riesgo, se añade:
“Cuidar mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar atención médica del más alto nivel”.
4. Eutanasia y aborto
La versión original prohibía expresamente ambas prácticas. Sin embargo, reconociendo la autonomía del paciente, los derechos reproductivos de la mujer y los riesgos de la penalización del aborto, la versión actual solo establece:
"Velar con el máximo respeto por la vida humana”.
Sin duda alguna, República Dominicana es un país inigualable en muchos aspectos positivos, solidario, de profunda fe y que se ve reflejejado en cada paso que damos. Y es precisamente por esto que debemos ser abanderados de la libertad, no de la condena.
No se trata de estar de acuerdo o de justificar lo mal hecho, sino de actuar con respeto hacia las decisiones del otro. Cada ser humano vive su proceso a su ritmo. Obligar a alguien a no tener opciones, y además juzgarlo socialmente y crucificarlo judicialmente, es injusto. Esto contradice las enseñanzas de Jesús, quien dijo a sus seguidores:
"No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con la medida con que midan, serán medidos también.”
Jesús utilizó la metáfora de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio para señalar la hipocresía de juzgar las faltas de otros sin reconocer las propias. En esencia, nos enseñó a ser compasivos y a perdonar, no a condenar.
¿Quién soy yo para legislar con una vara en la mano?
Negar la autonomía del paciente es atentar contra su bienestar. Decidir continuar o no con un embarazo es una decisión personal y en muchos casos profesional para proteger la vida del paciente. Imponer un criterio personal desde la legislación no es justo.
Un buen legislador es aquel que da opciones, que legisla para todos, no solo para un grupo, ya que todos somos partes fundamentales de la sociedad dominicana y merecemos vivir en paz, solo es eso, dar opciones de decidir, nunca imponer desde tu opinión personal, ya que no nos lleva a ningún lado como sociedad. Solo al odio y la estigmatización.
¿Quién soy yo para juzgar?
Papa Francisco

