QUO VADIS

Una salida

Entre el 8 y el 14 de abril de 1989, se celebró en la República Dominicana la semana conmemorativa del dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón.

El presidente Joaquín Balaguer dictó un decreto designando una comisión organizadora presidida por el secretario de Estado de Educación, Pedro Pichardo. Yo fui nombrado como secretario.

Una delegación mexicana llegó al país para asistir al evento. Estuvo presidida por José Francisco Ruiz Massieu, entonces gobernador del Estado mexicano de Guerrero.

En mi calidad de secretario, me correspondió acompañar durante todo el programa a Ruiz Massieu y a Humberto Lira Mora, en ese momento embajador mexicano en nuestro país. Dicho programa incluía un almuerzo privado ofrecido en La Romana por el vicepresidente Carlos Morales Troncoso, al cual nos trasladamos en una avioneta.

A nuestro regreso, tuvimos un percance al aterrizaje porque la rueda delantera no salía. El piloto hizo varias maniobras tratando de forzar la salida del tren de aterrizaje. El problema se resolvió al cuarto intento. Aterrizamos sin inconvenientes.

Esa misma noche estaba programada una conferencia magistral de José Francisco Ruiz Massieu en el Salón de las Cariátides del Palacio Nacional, con la presencia del presidente Balaguer. En esa actividad ocurrió algo inusitado: una acalorada discusión entre el secretario de Estado de Educación, quien presidía la comisión y había preparado un discurso para la presentación del invitado internacional, y Manuel Mora Serrano, en ese entonces asesor cultural del Poder Ejecutivo, a quien el secretario de la Presidencia había encomendado hacer dicha presentación.

Cuando llegó Balaguer al acto, el locutor Juan Luis González se acercó al presidente para explicarle el impase existente, ya que cada funcionario decía que era él quien presentaría a Ruiz Massieu, a quien ya se consideraba como un político presidenciable en México.

Durante los minutos que reinó la tensión, el presidente reflexionó. Entonces le dijo a González: “instruya al licenciado Miguel Reyes Sánchez para que presente al invitado”. Cuando yo, que estaba detrás de ellos esperando la solución de la situación, escuché las instrucciones del presidente, me quedé atónito e incluso repliqué que no había preparado ninguna presentación del invitado.

A pesar de ello, el presidente Balaguer le reiteró la orden a González. Subí al pódium muy nervioso. Tuve que improvisar un discurso, utilizando la información que tenía del gobernador mexicano y mi conocimiento de la obra de Juan Ruiz de Alarcón.

La salida le resultó favorable, ya que Balaguer evitó favorecer a su asesor o al secretario de Estado. Para mí, sin embargo, fue un momento de angustia porque entendía que mis recursos eran insuficientes para hacer una presentación del nivel requerido. Pero al final del acto, el presidente Balaguer me felicitó delante de todos, calificando mi presentación de atinada e interesante.

Unos seis años después, nos enteramos del asesinato de Ruiz Massieu, quien ya era el secretario general del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y se perfilaba como un futuro candidato presidencial.