VIVENCIAS
Chariots of Fire
"Chariots of Fire" (Carros de fuego, 1981), dirigida por Hugh Hudson, narra la historia de dos atletas británicos en los Juegos Olímpicos de 1924. Eric Liddell, impulsado por su fe cristiana, y Harold Abrahams, decidido a superar los prejuicios, encuentran en el atletismo un medio para defender sus principios. La película se distingue por la impactante música de Vangelis y por su profunda exploración de la determinación, la identidad y la lucha por superar desafíos.
Sin embargo, en este caso, no se trata de comentar la célebre película, sino de tomar su título como una denuncia contra un espectáculo lamentablemente real: el de ciertos desaprensivos que han convertido las autopistas en circuitos de velocidad, exhibiendo sus dotes de pilotos al volante de vehículos de alta gama—en particular, de la marca Porsche—, sin más preocupación que su propia adrenalina y con total indiferencia por la seguridad de los demás.
Tuve la desafortunada experiencia de ver mi vida en riesgo debido a uno de estos descontrolados, lo que me obligó a detenerme en el arcén y pedir ayuda a unos agentes de tránsito. ¿El resultado? Nada. Parece ser que la ley de tránsito es un lujo que se aplica con rigurosidad solo cuando conviene y, curiosamente, con mayor severidad para quienes no tienen el "privilegio" de ir a toda velocidad en un coche de cientos de miles de dólares. Para algunos, el asfalto es solo un lienzo donde pintar su propia versión de Chariots of Fire, mientras los demás quedamos relegados al papel de espectadores involuntarios… o, peor aún, posibles víctimas.
¡Qué pena me da mi país!

