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El poder y la amistad

Quien logra el poder, tiende a quedar en un estado de soledad muy especial, porque pierde, con la nueva modalidad de relación, sus correctores de tiro de antaño.

“Un amigo en el poder es un amigo perdido.” Con esa insólita crudeza se expresó el historiador Henry Adams sobre la relación del poder con la amistad. Confieso que este aforismo impactó nuestro espíritu a pesar de que ciertas concepciones políticas, psicológicas y sociológicas las refrendan de alguna manera.

Quizás nuestra cotidianidad política en los perímetros más próximos al poder nos llevó a dudar, no exactamente de la expresión, sino de su ámbito generalizante. Decimos esto porque quienes hemos tenido alguna relación con las cumbres del poder estamos acostumbrados a escuchar a los amigos de quien lo ejerce presumir de que “su único cargo es ser amigo del poderoso”. Y llegamos a creerles. Sobre todo, porque hemos sido testigos del calor afectivo con que se tratan estos personajes, de la frecuencia de su relación y del nivel de influencia que esos amigos llegan a tener sobre el jefe.

Parece que nos dejamos atrapar por la apariencia, lugar común en los procesos de poder. Pero nuestra tendencia a sospechar del mundo de la falsa concreción nos llevó a adentrarnos al espacio conceptual de la esencia. Y fue así como nos acercamos a destacados especialistas a fin de esclarecer el significado de ambos términos.

Nuestro análisis parte de la expresión de Adams que apunta al poder, el cual abarca en lo social, según Bobbio, lo político, lo económico y el conocimiento. Hacemos esta aclaración para evitar que la expresión quede reducida al campo político. También precisamos esclarecer que la frecuencia de interacción no constituye una razón suficiente para definir la amistad, como tampoco que se comparta la misma religión, profesión, estudios o trabajo. Desde luego que este aspecto puede facilitar los encuentros que posibilitan la amistad entre las personas.

Una vez establecido el espacio que cubre el poder y la amistad, corresponde, si seguimos la lógica del análisis, precisar el significado de ambos conceptos a fin de determinar la justeza o no de las ideas vertidas por Adams.

De entrada, sostenemos que el poder se define como toda relación desigual entre personas o grupos. Implica necesariamente una jerarquía, mientras que la amistad, por lo contrario, precisa que la relación sea entre pares. Así la visualiza Marina cuando sostiene que para los griegos la amistad es sinónimo de igualdad. La misma idea aparece en Alberoni, solo que él se apoya en Confucio para ilustrarla pedagógicamente.

Si partimos de que uno de los ejes básicos de este sentimiento es la igualdad y de que en el poder imperan las relaciones desiguales llegamos, entonces, a una primera conclusión: en sentido estricto, no puede darse una relación de amistad en un grupo, organización o Estado entre los poseedores de poder y quienes no lo tienen porque negaría la definición y la relación de poder. Bajo estas condiciones, la expresión de Adams conserva validez. Pero también se realiza por la envidia o celos de quien no logró el poder, por el resentimiento del que no fue tomado en cuenta y por la resaca de quienes no se identifican con los valores del poder.

El poder se define como toda relación desigual entre personas o grupos. Implica necesariamente una jerarquía, mientras que la amistad, por lo contrario, precisa que la relación sea entre pares.

El poder se define como toda relación desigual entre personas o grupos. Implica necesariamente una jerarquía, mientras que la amistad, por lo contrario, precisa que la relación sea entre pares.ARCHIVO/LD

Aunque parece innegable que a nivel íntimo la afinidad de intereses constituye otro de los componentes básicos de la amistad, no podríamos decir lo mismo cuando ésta descansa en la búsqueda de poder. Esto así porque, en este caso, la afinidad termina generalmente en confrontación al devenir en lucha abierta o encubierta por la conquista de determinados propósitos o en subordinación, simulación y complicidad cuando una de las partes alcanza el poder lo que conlleva, lógicamente, la fractura de la igualdad preexistente.

La expresión de Adams cobra sentido también con la empatía, aspecto básico de la amistad, según Rogers, porque ésta –cuando existe– tiende a transformarse con el arribo al poder en un simple mecanismo utilitario carente de afecto; mientras que la reciprocidad, consustancial al sentimiento amistoso, tiende a devenir en una relación inicua generada, en gran parte, por la inflación del yo, la cual lleva a los poseedores de poder a esperar de los subordinados la obediencia, la sumisión ciega y respeto. Y, además, porque la razón del poder los obliga, según Russell, a procurar “los efectos esperados”.

Otra diferencia entre estos dos conceptos la establece Maquiavelo al sostener que el poder político, lo público, se rige por valores diferentes a lo privado, como en el caso de la amistad, algo que amplió Alberoni al campo de los negocios. Bajo estos códigos, la autenticidad, la confianza y la sinceridad, valores ligados a la amistad, dejan el paso libre a la ingratitud, al incumplimiento de la palabra empeñada y la simulación.

En conclusión, con la llegada al poder de un amigo pueden producirse varias situaciones: 1.- Que quienes quedan al margen del poder, esperen o reclamen al que lo ostenta comportamientos cónsonos con la moral privada, lo cual tiende a entorpecer sus relaciones habituales; 2.- que lo acompañen en el manejo del poder y terminen por adecuarse a los valores del poder; 3.- esto los convierte en cómplices, en seres espejos porque, para mantenerse en la gracia de la autoridad, tienen que reflejar su pensamiento; 4.- quien logra el poder, tiende a quedar en un estado de soledad muy especial, porque pierde, con la nueva modalidad de relación, sus correctores de tiro de antaño; 5.-el poderoso corre el riesgo, con la metamorfosis del amigo en cómplice o socio, de cooptar un competidor muy peligroso porque, como amigo, ha conocido sus debilidades. El caso del presidente venezolano Ciprián Castro con su compadre Juan Vicente Gómez es paradigmático; y 6.-Todo esto confirma la vieja sentencia de que en política no hay amigo sino intereses y en los negocios socios, clientes y competidores.

Aunque parece innegable que a nivel íntimo la afinidad de intereses constituye otro de los componentes básicos de la amistad, no podríamos decir lo mismo cuando ésta descansa en la búsqueda de poder.

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