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Confianza, el afán de las marcas

De un tiempo a esta parte, los procesos de vinculación de las marcas con su universo se ha complejizado. Existe mayor sensibilidad entre los clientes, más formas de que ese mercado conozca la personalidad de las marcas, públicos más diversos e informados, más competencia entre productos de una misma categoría, en fin, la visualización de los asuntos está a la vista de todo el mundo a través de ese universo tecnológico que todo lo hace público.

El mercado de este tiempo, dice Enrique Arribas en su libro Marcas Confianza, no solo quiere el mejor producto y el mejor precio, sino también marcas con las que sentir cierto grado de afinidad en cuanto a la forma de entender el mundo.

También señala que “desde sus orígenes, la marca siempre ha tenido como objetivo la generación de confianza, influyendo decisivamente no solo en nuestra decisión de compra, sino también en la recomendación posterior. Actualmente, señala Arribas, 8 de cada de 10 ciudadanos aseguran que su consumo viene en gran parte condicionado por la confianza o la desconfianza en las marcas”.

Esto significa que ganarse la confianza de su mercado, de la sociedad, de los relacionados, de las autoridades, constituye una preocupación real de la mayoría de las marcas actualmente porque el éxito está asociado a su vinculación con temas que aporten al entorno donde habitan.

Muchas marcas son admiradas hoy tanto por la calidad que poseen, como por su reputación, la cual construyen a través de su comportamiento.

Eso quiere decir que no basta con formular productos y servicios de excelencia, ni desarrollar campañas atractivas que impacten y resalten las bondades de las marcas. Paralelamente, ahora también hay que desarrollar tareas que aporten a la sociedad, que les sean útiles. Hablamos de medio ambiente, de los principios éticos, de los derechos de las minorías, de la inclusión, etc. Y en ese sentido la responsabilidad social de las empresas juega un papel fundamental.

Las marcas que se entregan a causas justas, son admiradas, respetadas, bien ponderadas por el mercado.

El Banco Caribe tiene muchos años apoyando la institución TECHO que provee de vivienda y mejoras a poblaciones pobres del país y eso le gana simpatía y admiración en todas las instancias donde está presente esa marca. Lo propio hace Manuel Arsenio Ureña con sus aportes al medio ambiente a través de la siembra de miles y miles de árboles en tierras propias y con la instalación de paneles solares en muchas de sus estructuras para mitigar los daños ecológicos de los productos bajo su catálogo. De hecho, esa acción le ha merecido reconocimientos internacionales como empresa carbono neutral.

Al público de estos tiempos le interesan y le importan las marcas que aportan y respetan admirablemente las que de manera sincera abrazan causas sociales de cualquier tipo.

Hay una distancia de imagen entre aquellas que lo hacen y las que no.