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Puntos de vista lunes, 07 de febrero de 2022

“Violencia política hacia las mujeres”

Yanit E. Pujols
Santo Domingo, RD

Las mujeres en el transcurso de la historia, han sido muy discriminadas en el ámbito personal y profesional, lo que implica que las mismas han estado sometidas a una serie de vejaciones, tratos crueles, humillantes, degradantes y desconsiderados, eso a la vez se traducía en la comisión de todo tipo de manifestaciones de violencia en su contra, tales como violencia física, sexual, psicológica, familiar, económica,  violencia política y acoso político, entre otras modalidades de la violencia.

Debido a esa problemática, a nivel mundial, en la década del año 1960, los diversos estudios de los derechos de las mujeres, evidenciaban que las mujeres eran discriminadas en el ámbito público y privado, en consecuencia, la Organización de las Naciones Unidades (ONU), realizó una serie de acciones en pro de garantizar el respeto de los derechos de las mujeres. 

En esa línea, fue elaborada la Cedaw, primer instrumento de derechos humanos de las mujeres, sustentada sobre la base de varias consideraciones, entre las cuales dispone lo siguiente: “Reconociendo que la discriminación contra la mujer viola los principios de la igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana, que dificulta la participación de la mujer, en las mismas condiciones que el hombre, en la vida política, social, económica y cultural de su país, que constituye un obstáculo para el aumento del bienestar de la sociedad y de la familia y que entorpece el pleno desarrollo de las posibilidades de la mujer para prestar servicio a su país y a la humanidad”

El referido instrumento que conforma parte del corpus juris de protección de los derechos políticos de las mujeres, establece en su artículo 7, la necesidad de eliminar la discriminación que sufren las mujeres en la vida política y pública, especialmente en el disfrute de su derecho al sufragio activo y pasivo, la posibilidad de ocupar cargos públicos y ejercer funciones públicas y de participar en organizaciones y asociaciones no gubernamentales. Entre las medidas que han de adoptar los gobiernos, se encuentran: a) Comprometerse a establecer el objetivo del equilibrio entre mujeres y hombres en los órganos y comités gubernamentales, así como en las entidades de la administración pública y en la judicatura, incluidas, entre otras cosas, la fijación de objetivos concretos y medidas de aplicación a fin de aumentar sustancialmente el número de mujeres con miras a lograr una representación paritaria de las mujeres y los hombres, de ser necesario mediante la adopción de medidas positivas en favor de la mujer, en todos los puestos gubernamentales y de la administración pública; b) Adoptar medidas, incluso, cuando proceda, en los sistemas electorales, que alienten a los partidos políticos a integrar a las mujeres en los cargos públicos electivos y no electivos en la misma proporción y en las mismas categorías que los hombres; c) Proteger y promover la igualdad de derechos de las mujeres y los hombres en materia de participación en actividades políticas y libertad de asociación, incluida su afiliación a partidos políticos y sindicatos; entre otras.

Posteriormente, en el año 1995, entra en vigencia la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, cuyo objetivo estratégico 1 (G1) se insta a los Estados a tomar las medidas necesarias para asegurar una representación equilibrada de mujeres y hombres en todos los niveles de gobierno y recomienda a los partidos políticos que integren cuestiones de género en sus programas políticos, así como que examinen su estructura y procedimientos internos con el objetivo de eliminar las barreras que discriminan a las mujeres directa o indirectamente.

No obstante, el corpus juris que garantizan y protegen los derechos políticos de las mujeres, en la actualidad existen retos pendientes para crear estrategias efectivas que permitan su implementación sustantiva, sobre todo, en el campo político electoral. La referida premisa está sustentada en diversos estudios de indicadores de desigualdad y discriminación de género en materia política electoral, realizados en el contexto nacional, regional y mundial, los cuales evidencian que aún existen las barreras que impiden la igualdad entre la mujer y el hombre, ya que persisten las conductas que discriminan a la mujer, entre estas la violencia  y acoso político en contra de la mujer en los periodos electorales.

Los desafíos pendientes a superar lo podemos identificar utilizando nuestros lentes de género’ para analizar cómo se sostiene el gran edificio de la división sexual de las instituciones políticas, es decir de qué está hecho el cemento con el que se fraguan los ladrillos de la desigualdad, sus culturas, sus falsas suposiciones y, sobre todo, su “normalización” en cada uno de los aspectos de nuestra vida social y cotidiana, conducta que impacta negativamente la participación política de la mujer en los espacios de poder conforme lo evidencias las estadísticas.

Considero, que en adición del marco legal nacional e internacional vigente, es necesario diseñar y aplicar diversas acciones inmediatas que coadyuven a superar la violencia y acoso político contra la mujer, y a esos fines es importante reflexionar sobre la importancia que tienen realmente las actividades cíclicas y rutinarias para el mantenimiento de la vida y el desarrollo humano,  ya que los estudios conductuales han evidenciado que solamente fomentan la permisividad e invisibilidad de la desigualdad de género, porque son conductas aprendidas, heredadas de nuestros ancestros que establecieron modelos de formación familiar estereotipadas cónsono las costumbres y creencias de la  cultura, lo cual no nos ha permitido reconocer esas conductas  como la asimetría jerárquica de género, conllevando a la exclusión social, política, académica de la mujer en la sociedad, y en los casos que pueden ejercer funciones directivas, exigirles mayor preparación académica y funcional para reconocer sus competencias en el ejercicio de sus funciones.

Sobre el tema, en contextos patriarcales como el nuestro, la labor es doble, debemos seguir sensibilizando a través de la educación a los hombres que consideran que esto es "lo normal" y continuar empoderando a la mujer para que sepa decir no a tiempo con la firmeza y el lenguaje de género. Esa gran herramienta que construye nuestra realidad y delinea la que vivimos las demás personas. Potente arma para construir ideologías y debates, a veces de forma directa, a veces de la forma más subliminar. 

Debemos crear una conciencia nacional a través de los medios de comunicación que comprenda que defender los derechos de las mujeres, es además defender los intereses del Estado. Las mujeres, aunque muchos lo quieran desconocer e inclusive en ocasiones obviarlo, forman parte en la construcción y materialización de proyectos de todas las índoles que sustentan el desarrollo integral de la sociedad.

Entiendo oportuno resaltar, que a pesar de que ampliamente se plantea violencia y discriminación en categorías distintas, somos de opinión de que la discriminación es la causa efectiva de que muchos derechos sean vulnerados, como podría ser la igualdad que, cuando existen intereses económicos y políticos por ejemplificar, son lesionados a la mujer si observamos la manera privilegiada que son tratados los hombres, quienes por lo regular tienen mayores ingresos y mejores posiciones, perpetuando las relaciones de poder que caracterizan a la Violencia contra la Mujer. Es por ello que consideramos que la discriminación y la violencia son categorías equiparables.

 Continuando con el análisis del tema, en el caso de República Dominicana, la participación política de la mujer ha sido afectada por la alta tasa de violencia y acoso político contra las mujeres lideresas. Considero que urgen acciones inmediatas para erradicar la violencia contra la mujer, entre estas, comparto las sugerencias expresadas por la  experta Marcela Guerra:

Coincidimos en la urgencia de visibilizar el tema y legislar para tipificar el acoso político como delito, ya sea por medio de una nueva ley, como lo muestra el caso de Bolivia, o incorporando secciones especiales en las leyes existentes…Constatamos la importancia de involucrar a los medios de comunicación para modificar los comportamientos sociales que promueven el acoso político y los estereotipos [y] conseguimos el compromiso de los parlamentarios y parlamentarias de los países presentes para apoyar nuestro Plan de Acción y llevarlo a sus respectivos parlamentos. “

Comparto la opinión de Marcela, porque en República Dominicana no tenemos una Ley contra el acoso y violencia política hacia las mujeres, sólo existe un anteproyecto de ley de violencia contra la mujer, que aún en la actualidad cursa en el Congreso,  la cual sanciona la violencia institucional, y en ese contexto hace referencia a la violencia de los partidos políticos hacia la mujeres. Al respecto, considero que necesitamos una Ley contra el acoso y violencia política con sus especificaciones y régimen de consecuencia aplicable a todas las conductas discrimitanorias y violenta que realicen contra las mujeres en el contexto político electoral.

También coincido con Marcela al expresar que urge la importancia de involucrar el poder mediático, ya que los medios de comunicación contribuyen a crear el imaginario social que ha sustentado históricamente el patriarcado. Debemos asumir un compromiso holístico con los tres poderes del Estado, a los fines de que estos asuman su responsabilidad en la tarea de construir una sociedad más justa e inclusiva, concediendo a las personas la oportunidad de participación política, sobre la base de sus meritos y competencias sin discriminaciones por razón de género, sociales, raza, religión u otros.

En el análisis del tema, también  es importante realizar un abordaje desde una óptica psicosocial, esto nos permitirá identificar el origen de las conductas violentas contra la mujer ya que ancestralmente las personas hemos estado muy condicionadas por lo que se espera de nosotr@s, de los roles que se nos imponen y de las valoraciones también, tanto por la familia como por la sociedad de la que formamos parte. Eso tiene toda la lógica del mundo, somos seres sociales y nos importa responder a las expectativas porque necesitamos ser aceptad@s, respetad@ o querid@s, como mecanismo de supervivencia dentro de nuestra especie. Esa necesidad tiene, como todo, dos caras y una de ellas consiste en que a partir de ello el grupo nos controla, nos somete a sus reglas o sutilmente nos invita a ubicarnos en sus normas mediante diversas formas de manipulación que afectan, sobre todo, a los colectivos más despojados del poder político.

Por todo lo expresado, hoy más que nunca solamente movilizándonos, cada persona desde su propio espacio y áreas competenciales,  podremos cambiar las conductas machistas, sexistas que sustentan todas las formas de violencia contra la mujer. Las herramientas las tenemos a mano, sólo hay que buscarlas y aprender a utilizarlas. Está bien que asumamos la complejidad que representa ser a la vez producto de una realidad y arquitect@s de su cambio.

Soy de opinión que la participación político electoral de la mujer de forma sustantiva será posible cuando logremos incorporar la perspectiva de género en los espacios académicos que fomenten un cambio de paradigma y conducta patriarcal desde la primera infancia hasta el adulto mayor, lo cual contribuirá significativamente en el interés de promover la voluntad y el compromiso en pro de garantizar la no discriminación contra la mujer. A los referidos fines, sugerimos realizar dinámicas de estereotipos de género, analizar la construcción de las identidades identificando las desigualdades  a través de los medios de comunicación, sustentando en una base jurídica congruente con los valores de igualdad y fraternidad que debe existir entre los seres humanos. A su vez, contribuye al empoderamiento femenino en aras del reconocimiento de sus derechos, sobre la base de  los derechos humanos de las mujeres en pro del desarrollo humano sostenible.

 Concluyo mis reflexiones compartiendo la siguiente frase “Lo que cambia nuestro planeta es la conciencia, lo que cambia la conciencia es la educación”.


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