El papel económico del Estado

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DARIS JAVIER CUEVASSanto Domingo

La intervención del Estado en la economía ha sido objeto de discusión desde tiempos muy remotos, el cual se contrapone a la presencia del mercado en las actividades económicas. Todo alcanza carácter doctrinario cuando en el siglo XVIII el economista Adam Smith acuñó el término del Laissez faire, herencia de los fisiócratas franceses, y lo incorporó en su visión acerca de la mano invisible para explicar el funcionamiento del mercado.

En principio las explicaciones del pensamiento de Adam Smith partían de que el Estado dejara solo al mercado para que este no redujera su eficiencia, sin embargo, este también reconocía que el Estado debía intervenir de vez en cuando. Smith entendía que las empresas tenían todo el poder del mercado, pero que esto era muy riesgoso para la fijación de precio y desactivar la competencia, situación esta que justifica que el Estado no debería solo al mercado.

Es por tales razones que las evidencias empíricas demuestran que todas las economías de mercado tienen imperfecciones que generan malestares como el desempleo, la pobreza, corrupción, contaminación ambiental y crisis que cuestionan la legitimidad del sistema económico. Son los fallos del mecanismo del mercado que obligan a que el Estado no abandone su intervención en la economía ya que solo este puede garantizar la seguridad jurídica, el cumplimiento de las leyes, la investigación científica, la construcción de las obras de infraestructuras para el desarrollo y la estabilidad económica.

Aunque todos reconocen esa capacidad de actuación del Estado, los fundamentalistas del mercado no ceden un ápice en que se ignore la presencia del Estado en la economía, máxime después que en el siglo XIX la mayor parte de las economías Europea y de USA se convirtió en la era del laissez faire, o dejar hacer. Aunque al entrar el siglo XX los países industrializados forzaron y lograron que se abandone el autoritarismo del mercado, y posterior a las dos guerras mundiales, se reconoció que el Estado es imprescindible hasta para el buen funcionamiento del mercado.

Es importante poner de relieve que las discrepancias que existían sobre si el Estado debía eliminar el mercado, o que si este ha de promover la inexistencia del Estado en la economía ha ido despareciendo, fruto de que los doctrinarios hoy reconocen que ambos se necesitan mutuamente y han de cohabitar sobre la base de armonizar lo mejor de cada uno en el rol que han de desempeñar en la economía. Pero es que en la actualidad las economías modernas requieren de un Estado fuerte que fomente la seguridad jurídica del mercado y este se convierta en un reproductor de bienes y servicios.

Es cierto que el Estado no debe inmiscuirse en una guerra de competencia con el mercado en lo relativo a la producción de bienes y servicios, negocios turísticos o tiendas de ropa, pero existen aéreas estratégicas en el cual no puede actuar de espalda al entorno.

Es así como el Estado ha de estar al frente del sistema educativo en todos sus niveles, ser vigilante y promotor del sistema de salud, tener el control estricto de la generación y distribución de energía eléctrica, fomentar y regular un sistema de transporte adecuado. En adición, el Estado debe estar presente en la defensa de la institucionalidad, la regulación de la producción de medicamentos, regular el sistema financiero, evitar la evasión tributaria, diseñar y ejecutar la política comercial para garantizar la inserción a los esquemas modernos del comercio exterior y sus negociaciones.

En esas actividades el Estado no puede delegarlas en el mercado ya que un fracaso de las mismas frustra las aspiraciones colectivas y es al único que se le puede reclamar ya que el mercado no asume ninguna responsabilidad.

Ha correspondido a los economistas, las autoridades y a los politólogos encabezar los debates acerca del papel del Estado, al igual que el público en general.

Pero aunque la gente enrostra que el Estado es demasiado grande, pero tambien son capaces de exigir más escuelas, hospitales, agentes de policías para la seguridad ciudadana, mayores carreteras, más transparencia en el uso de los recursos públicos y la elección de autoridades judiciales, legislativa y municipales, los cuales solo se les exige al Estado y no al mercado.

Tambien el mecanismo del mercado permite ayudar a que los consumidores puedan encontrar los bienes de consumo deseados, por lo que el Estado no debe interferir.

Pero cuando se trata del combate a la pobreza, la promoción de la equidad, la aplicación de las leyes, las garantías constitucionales fundamentales, la sociedad solo mira hacia el Estado y eso ha de interpretarse de que este es imprescindible en el bienestar de la gente al tener un rol activo en la economia.

El autor es economista

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