FIGURAS DE ESTE MUNDO
Job
Conocer mejor a Dios fue la mayor ganancia de Job después de soportar su sufrimiento. En un sentido estricto, no aprendió sobre la manera de obrar del Señor porque se lo enseñaron teóricamente. Comprendió más de la naturaleza divina en carne propia, en medio de la aflicción, y confió en el Omnisciente sin cuestionar su juicio y sabiduría. Antes de la prueba, como una paradoja, no había ningún otro hombre de su tiempo más libre de preocupaciones que él. Varón perfecto y justo, temeroso de Dios, había vivido una vida próspera, acaudalada, libre de problemas durante muchos años, en tierra de Uz. Era rico e influyente, y poseía un gran rebaño de ovejas, bueyes y camellos. Era un esposo cariñoso y un padre responsable con siete hijos y tres hijas. Pero un día, en medio de su abundancia, Dios le envió tribulación: perdió su riqueza y su familia fue destruida, y arruinada su salud. En el transcurso de unas pocas horas todo lo que tenía le fue arrebatado por terribles desastres y por saqueadores. Para empeorar las cosas, le sobrevino una dolorosa sarna de los pies a la cabeza. Job se quedó sin nada excepto su fe en Dios. En todo esto, Job tuvo paciencia y firme confianza en Dios, aun ante las acusaciones de sus amigos. Aunque padeció mucho, fue capaz de decir: “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25). Llegó el momento en que reconoció que Dios es Todopoderoso, actúa de maneras que él no siempre puede entender, pero que al final son para su bien. La aflicción abrumó a Job, pero dice el relato: “Bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero” (Job 42:12). Cuando Dios obra de manera que no entendemos, regocijémonos en esa oportunidad de fortalecer nuestra fe en la sabiduría de Dios. Al final, Job le dijo a Dios: “De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven”.

