Protagonista
Rafael (Tato) Bisonó: la historia de un hombre que apostó a su fe, talento y visión a largo plazo
Esencia
- Más de seis décadas de ejercicio profesional lo confirman como un referente del sector construcción dominicano, no solo por la solidez de su obra, sino por la coherencia entre lo que ha sido como ciudadano, empresario, esposo, padre y abuelo.
Rafael (Tato) Bisonó.
Hablar de Rafael (don Tato) Bisonó es hablar de una trayectoria de éxito que trasciende cifras, proyectos y reconocimientos. Su vida es testimonio de que el verdadero liderazgo se edifica con fe, gratitud y coherencia personal. Ingeniero, empresario y patriarca, don Tato ha convertido su historia profesional en un legado humano donde Dios, la familia y la honestidad ocupan siempre el centro.
Para este encuentro, el equipo de Listín Diario fue recibido en su oficina, un espacio íntimo y acogedor que revela, sin discursos, sus prioridades. Fotografías familiares ocupan un lugar protagónico: hijos, nietos y bisnietos retratados en momentos cotidianos y celebraciones importantes, como quien celebra a diario su mayor logro.
Conviven allí imágenes de su éxito profesional, maquetas de sus primeros proyectos en el sector construcción y, presidiendo el espacio, la imagen de Cristo en la cruz no es casual. “Servirle a Dios es un honor. El que tiene la suerte de ser un instrumento del Señor es un privilegiado”, afirma con convicción.
Entre las fotografías se destaca una junto al cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, captada durante la comunión en una iglesia construida como parte de uno de sus proyectos. “Siempre construimos una iglesia. La familia necesita a Dios cerca, y eso también es parte de construir bienestar”, expresa.
Una vocación temprana y una vida de trabajo constante
Desde muy joven, Rafael Bisonó supo cuál sería su camino. “A mí siempre me gustaron las ciencias exactas. La matemática me llevó naturalmente a la ingeniería”, recuerda. Se graduó de ingeniero civil a los 21 años y desde entonces no ha dejado de trabajar. “Yo tengo 69 años de graduado y todavía voy todos los días a las obras. Reviso, observo, pregunto. Delego, pero miro”, afirma con una energía que sorprende y admira. Para él, el trabajo nunca ha sido un sacrificio: “El que ama su trabajo lo disfruta”.
En su relato aparece de forma natural y respetuosa el agradecimiento al expresidente Joaquín Balaguer, a quien reconoce como una figura clave en su desarrollo profesional.
“La oportunidad que me dio fue la que me permitió adquirir la experiencia y la sabiduría para construir todo lo que vino después”, expresa sin titubeos. Para don Tato, agradecer no es un gesto ocasional, sino una práctica diaria. “El reconocimiento es el verdadero pago. El trabajo bien hecho no tiene precio”.
Al preguntarle sobre las dificultades del camino, su respuesta es firme: “Sin importar la circunstancia siempre aposté a lo bien hecho”. Y enfatiza que para él, la ética no es negociable. “La honestidad, el decoro, la vergüenza… eso es lo más importante. Mi trayectoria está escrita, no solo por lo que he hecho, sino por lo que he sido”. Ese principio lo ha acompañado tanto en el ámbito privado como en el público.
Construir dignidad
Uno de los capítulos que más orgullo le genera es su aporte a la vivienda de bajo costo. “Nuestra mayor satisfacción es ver la felicidad de las familias”, dice con emoción. Para don Tato, una vivienda digna no es un privilegio, es un derecho. “Una casa propia le da seguridad a una familia. Es es una necesidad, no un lujo”.
Rafael (Tato) Bisonó junto a sus nietos, los ingenieros Manuel Emilio Bisonó Pacheco, Brandon Paniagua Bisonó y Rafael Emilio Bisonó Pacheco
La familia: su mayor obra
Casado desde hace 67 años, don Tato habla de su esposa Carmen con ternura y admiración: “Ahora es que nos queremos de verdad”, afirma sonriendo. Padre de seis hijos, abuelo de 22 y bisabuelo de 32, la familia es su mayor orgullo.
Varios de sus nietos, ingenieros y arquitectos, forman parte activa del negocio familiar que ha posicionado para dejar como legado material, Constructora Bisonó.
“Los guío con amor de abuelo, pero les exijo porque quiero sacar lo mejor de cada uno”, afirma. “No hay arrogancia aquí. Todos aprendemos de todos. Nadie es más que nadie”, repite como filosofía de vida.
Don Tato es un líder exigente. Lo reconoce. Cree que la excelencia no se alcanza sin disciplina ni supervisión, y que el liderazgo implica presencia, conocimiento del terreno y toma de decisiones responsables. Pero esa exigencia siempre ha estado acompañada de un profundo sentido humano.
Cuando preguntamos qué es el éxito en esta etapa madura de su vida, la respuesta es profunda: “El éxito no está en lo material. Está en lo moral y en lo espiritual”, y concluye con una reflexión que resume su esencia: “Arrodillarse, agradecer, aceptar lo que Dios quiere. Eso es lo que me ha sostenido toda la vida”.

