Sanar el alma: un viaje hacia la plenitud
Crónica Ligera
Ana Mercy Otáñez
Nuestra alma es un extenso océano de emociones, experiencias, sueños y deseos que influyen en nuestra forma de ver y experimentar el mundo. Los seres humanos somos complejos, estamos llenos de matices emocionales que van más allá de lo que podemos ver a simple vista.
A lo largo de nuestra vida, vivimos situaciones que dejan huellas imborrables en nuestra alma, marcas que provocan grandes heridas en la profundidad de nuestro corazón, que nos afecta sentimental y espiritualmente y que reflejamos en lo exterior.
Vivir en el vaivén de las olas del dolor requiere de un proceso intenso de sanación, pues para curar el alma debemos realizar un viaje profundo y transformador hacia nuestra plenitud interior y nuestro bienestar emocional.
El alma es el centro donde nace todo lo que sentimos, intuimos y con lo que conectamos, es algo más grande que nosotros mismos.
Un alma que está herida, es capaz de cualquier cosa, pudiendo experimentar sensaciones que lo lleven al desequilibrio, la insatisfacción, tristeza, incoherencia o falta de propósito en la vida. Quienes no invierten en sanarse, trabajan para destruir y arruinar la vida de los demás… Y lo disfrutan!
Sanar el alma implica restaurar nuestra armonía interna y encontrar el ajuste perfecto de nuestro ser más genuino, para así conectar con nuestra verdadera grandeza cómo ser humano.
El primer paso para sanar el alma es el autoconocimiento. Tener la capacidad de mirarnos por dentro y hacernos una introspección que nos permita desarrollar una mayor conciencia de nuestras emociones, pensamientos y comportamiento ante determinadas situaciones.
Esta técnica nos ayuda a identificar nuestros traumas emocionales, carencias y los patrones negativos que nos están afectando. Otra opción es aceptarlo y reconocerlo. Podemos acudir a diferentes métodos o herramientas con la meditación o simplemente asistirnos de un profesional de la conducta o de la salud mental que nos ayude a identificar nuestras lagunas internas.
Simplemente apliquemos los principales puntos de la Ley del Espejo: "Lo que me molesta del otro, lo tengo dentro de mí". "Todo lo que el otro me critica, o me reclama, si me hiere, es que aún no lo acepto en mí". "Todo lo que me critica el otro sin que me afecte, es su reflejo o proyección". "Todo lo que me gusta y amo del otro, lo puedo ver y apreciar por que existe en mí". Lea tranquilamente y ponga aquí una reacción...
Liberarnos de esa carga emocional nos convierte en un ser transformado, nuevo. Te recomiendo que no ignores o reprimas tus emociones dolorosas, eso solo prolonga el sufrimiento. Aceptar que tienes el alma enferma es el primer paso para encontrar la paz interior que todos buscamos...
¡Con Dios!

