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Restauración ecológica con drones: los buenos resultados del proyecto piloto implementado en el Parque Nacional Sierra de Bahoruco
Carlos Cano, coordinador del proyecto, destaca que esta técnica facilita el acceso a áreas con orografía complicada o áreas montañosas donde las brigadas de reforestación no puedan acceder o son de difícil acceso.
Siembra de semillas en Los Arroyos el pasado 6 mayo de 2025.
Una sola especie germinada aseguró el éxito del primer proyecto piloto de restauración ecológica con drones recién implementado en República Dominicana.
Financiado por Critical Ecosystem Partnership Fund, fue coordinado por Carlos Cano, investigador asociado a Cideal, fundación independiente presente en el país que se encargó de su ejecución.
Es un proyecto pionero en el Caribe, dice Cano a Listín Diario.
El biólogo herpetólogo y ecólogo español ha sido cooperante por más de treinta años en América Latina y Caribe.
Experto en cooperación internacional para el desarrollo (dirigió el exitoso proyecto Araucaria en Pedernales y fue coordinador de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo en República Dominicana, México, Cuba y Panamá), dejó a un lado su retiro en España para, a solicitud de instituciones de la sociedad civil, dedicarse a formular proyectos de desarrollo.
Carlos Cano, biólogo español y cooperante por más de treinta años en América Latina y Caribe.
Mientras formulaba ideas de desarrollo para Cideal, conoce la unidad de drones de la fundación y plantea un proyecto que involucre el manejo de estos dispositivos con un componente ambiental y de desarrollo.
Así fue formulado en 2023 y aprobado en 2024 el proyecto “Restauración ecológica/reforestación con drones en el Parque Nacional Sierra de Bahoruco”.
El entonces Ministerio de Medio Ambiente le brinda apoyo local al proyecto que usaría para su propósito semillas del banco de Nigua.
CONTRA RELOJ. Cuando Cano llega al país habían cambiado a las autoridades ambientales y el proyecto piloto, proyectado para realizarse entre agosto de 2024 y julio de 2025, se retrasa.
Siembra de semillas en mayo en Los Arroyos, en el Parque Nacional Sierra de Bahoruco.
La idea original consistía en plantar con el uso de drones aproximadamente 150 hectáreas del Parque Nacional Sierra de Bahoruco con plantas nativas y endémicas propias de la zona. Se escogió un área ubicada en El Aceitillar (Pedernales), pero debido a la maleza mudaron el proyecto a la zona de Los Arroyos, en el extremo occidental del parque, al noroeste de esta provincia y a pocos metros de la frontera con Haití.
Aquí, sin embargo, debido a la escasez de semillas disponibles, solo sembrarían 50 hectáreas.
El planteamiento inicial, sigue Cano, era sembrar entre octubre y noviembre, aprovechado la segunda época de lluvia, y esperar siete meses para registrar la germinación y el crecimiento.
La escasez de semillas no lo hizo posible.
De hecho, Cano indica que uno de los objetivos era plantar suficientes Pinus occidentalis para contrarrestar el daño de los fuegos forestales ocurridos en 2021 y 2022.
Densidad de Cedrela odorata en septiembre 2025
Decidieron esperar e intentarlo en la siguiente época de lluvia.
Al inicio solicitaron 300 kilos de semillas de diferentes especies; luego 140 kilos. Al final, con las gestiones del banco de semillas de Nigua y el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente, para abril de este año consiguieron 66 kilos de semillas de seis especies: palo amargo (Garrya fadyenii), guanito (Coccothrinax argéntea), saúco (Tecoma stans), palma manacla (Prestoea acuminata var. montana), cedro (Cedrela odorata) y roble criollo (Catalpa longissima).
“Yo cogí las semillas que me daban porque lo que quería era demostrar que se podía sembrar siempre y cuando fueran especies de la zona y a la altura adecuada”, dice Cano.
SIEMBRA Y GERMINACIÓN. En Los Arroyos, a una altura entre 1,350 y 1,740 metros sobre el nivel del mar, encontraron un suelo degradado y sin cobertura vegetal que favorecía la dispersión de las semillas.
Plántula de cedro en septiembre de 2025.
Antes había sido un bosque húmedo, latifoliado y mixto.
“Las 150 hectáreas se convirtieron en 50 y los 300 kilos de semillas se convirtieron en 66; pero el proyecto procuraba, además de sembrar con especies autóctonas, era demostrar al Gobierno dominicano y a todo el mundo que es posible recuperar ecológicamente áreas degradadas en el territorio nacional o en áreas protegidas con el uso de drones”, comenta Cano.
Cano estuvo acompañado por el biólogo botánico dominicano Ricardo García, exdirector del Botánico Nacional. Además, consultó instituciones y expertos en el tema de manejo forestal, entre ellos el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (Idiaf).
La siembra se realizó el seis de mayo en un tiempo de 4 horas y 30 minutos. Se usó un dron DJI Mavic 3 para los análisis multiespectrales y un dron DJI T30 para las labores de reforestación.
“La recuperación ecológica con drones es algo que todo el mundo puede hacer si tiene un dron, pero nosotros lo que hacíamos es trabajar con sensores remotos. Y ahí entra Cedial y su jefe del departamento de drones, Pablo Vargas, que trabaja muchísimo con sensores remotos y multiespectral”.
Primer taller realizado en el Jardín Botánico Nacional.
El anásisis multiespectral, explica Cano, es un mecanismo mediante el cual el dron capta imágenes o longitudes de ondas que el ojo humano no puede visualizar.
“Este análisis te mide la salud y el crecimiento de la vegetación que has sembrado mediante una serie de técnicas y de imágenes que puedes superponer”.
El análisis multiespectral fue realizado en marzo en Los Arroyos.
“La idea era sembrar y siete meses más tarde volver a pasar el análisis multiespectral para ver la cantidad de semillas que habían germinado”.
Para regar las semillas se usan bandas de muestreo, es decir, se lanzan las semillas a lo largo de bandas.
El dron fue volado entre los 10 y 15 metros sobre el suelo.
Siembra de semillas el 6 mayo de 2025.
“No tiramos semillas individuales por especie a lo largo de las bandas, las mezclamos como si fuera un bosque normal y en función del volumen que teníamos. Había tres especies en cada una de las bandas”. Se realizaron 18 vuelos.
“La competencia natural que se va a generar entre las semillas lo va a determinar la propia naturaleza”, expresa.
¿RESULTADOS? Cano y Ricardo García subieron en junio y vieron plantitas germinadas que no pudieron identificar. Volvieron en julio y agosto y al desbrozar la yerba que había empezado a crecer vieron más plantitas brotando por doquier.
En septiembre las identificaron: era cedro, miles de plántulas de cedro por todos lados. La lluvia y la humedad permanentes en el lugar permitieron que germinaran en apenas un mes.
Hasta ahora, es la única especie que ha germinado. Sin embargo, cuatro meses después de la siembra, su densidad era increíblemente alta, sostiene Cano.
Taller en el el Jardín Botánico de Santiago el pasado 20 septiembre.
Para conocer la densidad relativa que puede tener esta masa de plántulas, crearon allí mismo una parcela muestral de 3 por 3 metros. Contabilizaron 37 plántulas. Luego crearon otra, a unos 75 metros de la primera, y contabilizaron 40 plántulas.
“Llego a casa y me pongo a hacer cálculos y le digo Ricardo, si es verdad lo que hemos contado, tenemos 4.1 plántulas por metro cuadrado. Si lo trasladamos a la medida tradicional dominicana, en una tarea tenemos 2,585 plántulas y 41,111 plántulas por hectárea”.
Cano es especialista en muestreo y García en poblaciones de plantas.
“Estos son los datos, las estadísticas, y es densidad relativa. Es decir, no significa que sea la realidad, pero se aproxima bastante. Vamos a suponer que no son 40,000 las plántulas de cedro que van a crecer en la zona donde hemos plantado; vamos a suponer que es la cuarta parte, 10,000 por hectárea. Podemos tomar estas plántulas y, si el Ministerio de Medio Ambiente considera oportuno la posibilidad de hacer este tipo de cosas, ya tenemos un vivero natural. Lo único que tenemos que hacer es sacar la plántula y trasladarla a otro sitio, a cualquier otra zona”.
Paradójicamente, estuvieron a punto de no conseguir semillas de cedro, pues en Recursos Forestales (Ministerio de Medio Ambiente) les dijeron que esta especie no crecía a partir de los 600 metros.
Cano, que conoce bien la zona porque vivió varios años en Pedernales, sí la había visto crecer a altas alturas.
En Cideal, expresa Cano, todos los proyectos conllevan un componente social en los que se toma en cuenta la formación y la capacitación. En esta ocasión se realizaron cinco talleres (cuatro en el Jardín Botánico Nacional y uno en el Jardín Botánico de Santiago) de siete horas de duración a los que fueron convocadas 23 instituciones de la sociedad civil, ocho universidades y tres instituciones gubernamentales. Participaron 52 personas. Los talleres versaron sobre la metodología de trabajo con drones. Iban dirigidos a técnicos con algún tipo de conocimiento en sensores remotos, imágenes satelitales, SIG y/o manejo incipiente de drones.
SOSTENIBILIDAD Y VIABILIDAD
El proyecto piloto, prorrogado dos meses por los inconvenientes con las semillas, concluyó en septiembre.
Ahora le toca a las autoridades dominicanas darle continuidad y hacerlo sostenible, considera Carlos Cano.
“Lo que sigue a partir de ahora es una investigación que yo no puedo hacer porque se ha terminado el proyecto. Como proyecto piloto hemos demostrado que es viable y si hubiéramos tenido la posibilidad de continuarlo con otro proyecto esto se podría convertir en un proyecto de investigación”.
Asegura que “lo único que pretendía es demostrarle al Ministerio de Medio Ambiente y a los organismos de la sociedad civil que quieran emburujarse con estos temas, que las semillas van a crecer, que la plántula va a crecer y que el árbol va a crecer”.
Para la siembra, se usó un dron DJI Mavic 3 para los análisis multiespectrales y un dron DJI T30 para las labores de reforestación.
Señala que reforestar con drones se puede y la experiencia dominicana ha dado unos resultados sorprendentes.
“Ahora, es el Ministerio, el director del parque, los guardaparques, los encargados de darle continuidad”, sigue Cano.
Apunta que es una técnica que ahorra tiempo y costos en relación con los actuales métodos de reforestación, permitiendo reforestar grandes áreas de terreno degradadas en todo el territorio nacional, “pudiendo ser dirigido, orientado y con mayor impacto hacia áreas protegidas” o en la frontera dominico-haitiana.
La técnica, explica Cano, podría ser replicada “en cualquier parte del territorio dominicano, teniendo en cuenta las características del ecosistema, las diferentes condiciones climáticas, la flora y la fauna”.
Entre las ventajas del uso de drones en la restauración ecológica, cita la facilidad de acceso a áreas con orografía complicada o áreas montañosas donde las brigadas de reforestación no puedan acceder o son de difícil acceso; la cobertura uniforme en la diseminación de semillas en las áreas a reforestar; la disminución de tiempo usado en las jornadas, y la facilidad de monitoreo durante la siembra, crecimiento y desarrollo de las plántulas.
Cano regresa el 4 de noviembre a España. “No importa quién lo adopte. Si el Ministerio decide darle continuidad, yo encantado volvería. Personalmente volveré en enero o febrero, con mis propios fondos, para ver lo que ha pasado en Los Arroyos”.
• Carlos Cano se preparó para el proyecto y obtuvo la certificación europea y española de piloto de drones, incluyendo las mayores certificaciones: la STS 01 y STS 02.
• En la última visita, dice Cano: “Encontramos semillas de manacla y guanito sin germinar, pero vivas”.
• Se usa un volumen muy grande de semillas en la reforestación con drones.
• Cideal es una fundación independiente que trabaja en el ámbito de la cooperación al desarrollo desde 1983. Su sede está en Madrid, España.
• En lugar de un dron T30, Cano recomienda usar un T20 o un T25 de cuatro hélices.
• Parte de las semillas de manacla fueron aportadas por el Jardín Botánico de Santiago.
