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Ichanell: estilo, identidad y una plataforma para contar la moda dominicana

Ichanell Rodríguez

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Para algunas personas, la moda es simplemente ropa. Para otras, es una forma de comunicación, una identidad que se construye con el tiempo. En el caso de Ichanell, el estilo nació de manera natural, casi inevitable, como parte de su historia familiar y de los recuerdos que marcaron su infancia.

Ichanell Rodríguez

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Ese amor por el buen vestir tiene raíces profundas. “Yo se lo debo a mi madre”, cuenta. Creció entre revistas de moda y en el ambiente creativo del salón de belleza que su madre dirigía. Allí aprendió, desde muy pequeña, a observar los detalles y a disfrutar el acto de vestirse. “Mi mamá tiene un gusto increíble para comprar ropa… y se lo pone todo. Plumas, colores, texturas. Nosotros usábamos su ropa y así fui desarrollando ese amor desde muy pequeña”.

Ichanell Rodríguez

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Con los años, ese interés por la moda se convirtió en algo más que una afinidad estética. Ichanell descubrió que cada prenda podía contar una historia y proyectar un mensaje. Sin embargo, el momento en que comprendió verdaderamente el poder comunicativo del estilo llegó mucho más tarde, cuando decidió abrir sus redes sociales tras asumir la presidencia de una fundación.

Ichanell Rodríguez

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La intención inicial era sencilla: permitir que las personas conocieran quién estaba detrás del proyecto social. Pero la reacción del público fue inesperada. “La gente empezó a comentar mucho sobre mi ropa. Mis amigos ya lo hacían, pero ahora era públicamente”. Fue entonces cuando surgió una idea que marcaría el inicio de una iniciativa que combina moda y solidaridad: vender parte de su guardarropa para recaudar fondos.

El resultado superó todas las expectativas. “Pensábamos recaudar mil pesos y terminamos reuniendo 150 mil”. Aquella experiencia dio origen a los bazares solidarios donde muchas personas acudían, curiosamente, en busca de piezas de su propio closet. La moda, una vez más, demostraba su capacidad para conectar con las personas.

Ichanell Rodríguez

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Ese vínculo con el estilo y la moda dominicana encontró una nueva dimensión hace aproximadamente dos años, cuando decidió crear la plataforma Hablemos de Estilo. Lo que comenzó como una conversación espontánea sobre moda pronto evolucionó hasta convertirse en un espacio para visibilizar el talento creativo del país.

La idea surgió cuando notó un vacío en el ecosistema mediático local. “No había una plataforma donde se hablara de moda dominicana”, recuerda. Aunque dudó al principio, pues no se consideraba experta ni periodista de moda, decidió dar el paso junto a Marlene, quien aceptó acompañarla en el proyecto.

“Yo estaba a un mes de dar a luz cuando empezamos”, cuenta entre risas. Apenas una semana después de decidirse, ya estaban grabando en estudio. El plan inicial era simple: generar conversaciones sobre estilo. Pero pronto el proyecto tomó otra dirección.

Para atraer audiencia comenzaron a invitar diseñadores, creativos y figuras vinculadas al sector. Y fue en esas conversaciones donde descubrieron algo revelador: muchas de las personas que construyen la moda dominicana no tenían espacios donde contar sus historias.

“Hablemos de Estilo” se transformó entonces en una plataforma para escuchar esas voces. Diseñadores, estilistas y protagonistas del sector comenzaron a compartir sus trayectorias, sus procesos y sus desafíos. “Nos dimos cuenta de que la gente quería saber más, quería conocer quiénes estaban detrás de las marcas”.

Ese interés también reveló la dimensión humana de la moda. Las entrevistas se convirtieron en conversaciones cargadas de emoción. “Hemos llorado en algunas. Son historias muy bonitas”.

La motivación de por apoyar el talento local viene de mucho antes de la creación del proyecto. Desde muy joven asistía a desfiles de Dominicana Moda, fascinada por el talento que veía en la pasarela.

“Yo comparaba lo que veía aquí con lo que veía en las revistas o en televisión y pensaba: aquí hay muchísimo talento”, recuerda. Con el tiempo, comenzó a adquirir piezas de diseñadores dominicanos y a construir un clóset donde hoy predominan las creaciones locales.

De hecho, estima que cerca del 60 % de su guardarropa está compuesto por diseño dominicano. Entre las primeras piezas que marcaron su relación con la moda local recuerda especialmente un bolso de Jenny Polanco. “Fue una pieza de inversión para mí. La llevé a un evento en Portugal y todo el mundo preguntaba de dónde era”.

Experiencias como esa también se repitieron durante sus viajes. En ciudades como Nueva York, personas desconocidas se detenían a preguntarle por sus atuendos, muchas veces firmados por diseñadores dominicanos. Para ella, cada pregunta era una oportunidad para decir con orgullo: “Esto es de la República Dominicana”.

Entre los nombres que menciona como referentes personales se encuentran Maylé Vásquez, quien confeccionó uno de sus vestidos más recordados y posteriormente su vestido de novia, así como Rafael Rivero, a quien describe como un creador que encarna la elegancia femenina.

También destaca su reciente colaboración con Manuel Febrillet, con quien ha desarrollado una relación creativa basada en la complicidad estética y la comprensión de su estilo personal.

Pero más allá de los nombres, Ichanell insiste en que lo que busca en cada diseñador es autenticidad. “Para mí es importante conectar con la pieza. No compro por comprar”. La calidad, las terminaciones y el diseño son elementos fundamentales en su criterio. Prefiere prendas con personalidad, con una estética creativa y ligeramente relajada, lejos de lo excesivamente romántico o convencional.

A través de “Hablemos de Estilo”, esa misma filosofía guía la selección de invitados. Más que la fama, busca historias y coherencia entre lo que el diseñador crea y lo que representa.

“Muchas personas me dijeron que no podía dejarlo porque era el único espacio que teníamos”, recuerda.

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