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El arte de levantarse: héroes que renacen tras la caída

Cada vez que te levantas estás escribiendo una historia de coraje, sabiduría y esperanza.

Ana Mirtha Vargas

Ana Mirtha VargasFuente externa

La vida está llena de tropiezos, momentos en los que sentimos que todo se desmorona, sentimiento de obscuridad. Se dificulta seguir en una dirección que prometa éxito y hay escasas fuerzas para emprenderlo.

 Sin embargo, la verdadera proeza no reside en evitar las caídas, sino en la capacidad de levantarse y volver a comenzar, desestimar la narrativa interior provocada por el miedo y el duelo que arropa especialmente cuando va acompañado de pérdidas emocionales, financieras, deslealtades y traiciones. continuar el viaje, aunque pareciera que el mundo está en contra.

Los profesionales más ilustres, las personas más sabias, las relaciones óptimas emergen con frecuencia de personas probadas en tempestades y resilientes de esos tiempos.

 Aquellos que han utilizado los reveses para recapitular y mejorarse, ya no temen equivocarse pues saben que es parte del camino, dejan de buscar culpables externos, asumen las consecuencias de sus acciones y hacen un mejor “yo” cada día. 

A veces la experiencia llega cuando quizás podemos hacer poco con respecto al pasado, pero es de gran utilidad en relación con lo que podemos construir en el futuro: nos facilita reconocer que cada desatino es una llave que abre nuevas puertas, aunque sólo nos demos cuenta cuando ya estamos listos para cruzarlas. De la experiencia surge la maestría.

Cada vez que te levantas estás escribiendo una historia de coraje, sabiduría y esperanza. Cada vez que resurges de los escombros, eres resiliente, es la actitud que te convierte en un héroe, de tu propia historia. 

Sin embargo, es fundamental comprender que los periodos de adversidad son tan cíclicos como el día y la noche, la siembra y la cosecha; ningún lado del péndulo es permanente en ninguno de los sectores de nuestras vidas, son transitorios: pasa lo malo, y también lo bueno, hasta la próxima etapa.

 En los momentos de prosperidad se celebran logros y reconocimientos, con frecuencia nos acomodamos y relajamos; y en otros tiempos, se luchan contra demonios internos como pensamientos negativos, autocrítica y narrativas internas que surgen de manera inconsciente, o externos, esos que tienen rostros humanos, a veces los tenemos más cerca de lo que desearíamos.

El miedo puede resultar paralizante, hace que dudemos de nuestras capacidades, y de la posibilidad de seguir adelante. Esa es una emoción que debemos honrar y escuchar, como mecanismo de defensa, nos alerta de los peligros, nos advierte de la necesidad de ser prudentes. 

Debemos ser suficientemente sabios para prestarle atención, reiniciar el camino con precaución, identificando los verdaderos riesgos, y a no dejarse engañar por apariencias, indica que debemos ser más reflexivos a la hora de administrar la buena voluntad, identificando las intenciones ulteriores o los caminos que nos pueden llevar al fracaso.

Es en ese momento, cuando enfrentamos nuestros temores, utilizamos nuestras vivencias, confiamos en nuestras propias capacidades, y la ponemos al servicio, contribuyendo positivamente a la sociedad.

 Para afrontar los retos, es recomendable: identificar el origen de las dificultades, mantener una actitud positiva, buscar apoyo en personas de confianza, establecer metas claras y practicar la autocompasión. 

De este modo, quienes perseveran, aprenden y reemprenden, demuestran que la resiliencia constituye el mayor valor del ser humano.

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