historias de la vida 

María Nicida Beltré: la neumóloga que comenzó a criar niñas desde antes de casarse

Ya son ocho las que han sido formadas por ella en el seno de su familia. La primera se la llevó a su casa cuando todavía era estudiante y aún no pensaba en tener sus propios hijos. Luego, siguió haciéndose responsable de otras a las que también les ha dado las mismas oportunidades de superación que ha facilitado a sus propios vástagos.

María Nicida Beltré

María Nicida BeltréFuente externa

Uno de los temas más tocados en el área de la medicina es la importancia de que quienes se dediquen a este sector, la vean como un sacerdocio, que sientan amor por los demás, que se sensibilicen ante los casos que atienden… La neumóloga María Nicida Beltré se lo ha tomado muy a pecho. Está convencida de que ser médico va más allá de proporcionar salud. “Tener empatía hacia el prójimo es vital en esta profesión”. Lo pone en práctica.

Pero la historia que ella protagoniza hoy para LISTÍN DIARIO, no se centra en lo que ha hecho y hace como doctora. Está enfocada en el papel de “madre altruista”, el que desempeña desde antes de casarse. Todavía siendo estudiante, esta mujer entendió que podía transformar la vida de una niña que vivía en la vulnerabilidad.

“Siempre he pensado mucho en los demás. De hecho, en mi pueblo, cuando era adolescente, jovencita…, desde que nacía un niño, yo iba y ayudaba a bañarlo. Si veía personas con problemas mentales andando por las calles, las llevaba a mi casa, las bañaba y les daba de comer. Nunca las maltraté ni me burlé”. Ella vivía cerca del mercado y por ahí rondaba gente con muchas necesidades.

Su vocación en la medicina comenzó a desarrollarla siendo muy joven. “Recuerdo que por ahí también andaban algunos con heridas y con llagas, y, sin conocimientos, yo buscaba la forma y trataba de curárselas en el patio de mi casa”. La dueña de este relato iba creciendo y, de esa misma manera aumentaban sus dotes de solidaridad.

Su amor por las niñas

En sus años de pasantía, María Nicida seguía dando riendas sueltas a su altruismo. “Comencé a ver niñas que necesitaban de una mano amiga. Eso me conmovía tanto que, me llevé una de ellas a mi casa. Yo ni me había casado”. Es decir, que su rol materno comenzó antes de tener a sus propios hijos.

Esa niña, junto a otras siete que han desfilado desde entonces por la casa de esta doctora, supo aprovechar la oportunidad que le dio la vida con encontrar a una madre que se entregó a ella en cuerpo y alma sin haberla traído al mundo. 

Disfruta tanto los momentos que vive con sus ocho hijas que, a la hora de solicitarle fotografía con ellas, reflexionó sobre eso. “Si supieras que no tengo con todas junas”. Se quedó con la tarea de hacérsela.

Disfruta tanto los momentos que vive con sus ocho hijas que, a la hora de solicitarle fotografía con ellas, reflexionó sobre eso. “Si supieras que no tengo con todas juntas”. Se quedó con la tarea de hacérsela.Fuente externa

Dianny Pérez Paula, Ana Mercedes Pérez, Santa Matos, Marianny Méndez, Eunice Méndez, Yenny Méndez, Sorilenny Ramírez y Estefany Ramírez son los nombres de las que con amor, llama “mis hijas”.

“Me siento muy orgullosa de ella y, por supuesto de las demás. Ésta, que fue la primera que crie, cambió el rumbo de su vida y el de su familia. Actualmente, es licenciada en educación. Es profesora”. Se siente orgullosa de lo logrado y de que por si fuera poco, algunas de las que ha formado, le hayan dado nietos a los que ama como si fueran de su sangre.

En la imagen algunos de los nietos de la neumóloga

En la imagen algunos de los nietos de la neumólogaFuente externa

Armonía familiar

Francisco Melo es el esposo de la dueña de este relato. La conoció como esa mujer a la que le duele el dolor ajeno y que se compadece de las niñas que necesitan apoyo. No le quedó de otra que aceptar el “paquete” completo. Lo mismo les ha pasado a sus hijos biológicos, Lynn, Leynn y Lemic Melo Beltré. Cuando el primero nació, ya ella cuidaba de la primera niña que se llevó a la casa.

Aquí aparece con sus hijos biológicos, la mujer que, además de su amor por las niñas, desde muy jovencita se conduele de los enfermos mentales y de quienes deambulan por las calles

Aquí aparece con sus hijos biológicos, la mujer que, además de su amor por las niñas, desde muy jovencita se conduele de los enfermos mentales y de quienes deambulan por las callesFuente externa

Su familia seguía creciendo con la llegada de los hijos del matrimonio y con las niñas que acogía. El Señor la ama tanto que cuenta con ese respaldo familiar para continuar su misión solidaria. Como pasa con todos los hermanos, las disputas se libraban, más cuando eran pequeños. 

“Pero era desde el amor, desde la convivencia que se da entre los muchachos cuando son pequeños y cuando van creciendo. Nunca por discriminación ni nada que tenga que ver con hacer sentir mal a mis niñas. A todas las que han pasado por nuestra casa, se les ha mostrado mucho respeto y mucho cariño. Son como hermanos de sangre”. La emociona el tema y lo muestra con unos ojos a los que las lágrimas hacen brillar.

“Con mis pacientes también busco tener un trato afable y de respeto”

La pasión y entrega de María Nicida Beltré no se ha quedado en sólo sensibilizarse ante una niña que necesita de ella. Ese don de servicio y de amor se han convertido en la herramienta más poderosa que tiene para desarrollar su carrera como neumóloga.

Tanto es así que, de pequeña soñaba con ser maestra porque en los profesores veía a esa figura de protección, de acompañamiento, de enseñanza y de amor hacia los demás.

“Cuando era niña, siempre pensaba en ser profesora porque veía a un educador como algo muy superior, y de hecho, en esos tiempos así era. Ellos no sólo inspiraban respeto, sino que había que dispensárselo. Eran como padres y madres para uno”. Ciertamente, el magisterio era un compromiso con las familias, la comunidad y la sociedad que todo el mundo respetaba.

Lo que nunca había pasado por su cabeza era ser médico. “Pero en mi adolescencia, cuando tuve una anorexia, mi mamá me llevó a un pediatra y era tan joven que yo dije; ‘Oh, pero se puede ser médico joven’, porque todos los médicos que yo veía eran personas mayores en mi pueblo. Cuando vi a ese joven, que puedo decir el nombre suyo, Arístides Estrada, que llegó a mi pueblo tan jovencito, pues como que me motivé, y pensé que desde la medicina también podía ayudar a los demás”. Ahora mismo ese doctor que inspiró a la dueña de esta historia, vive en Estados Unidos.

Su paso a la Neumología

“Esa motivación que vi en el aquel médico joven, me hizo pensar que se puede terminar la Medicina joven. Desde ese momento me enfoqué en que iba a estudiar esa carrera, originalmente pensé en Pediatría, pero cuando hice mis rotaciones de preinternado en el Robert Read, y veía a los niños sufrir cuando no se le encontraban las venas, eso me hizo cambiar de idea. Me encantan los niños, pero sanos”. Esa sensibilidad la hizo abandonar su deseo de entrar a esa especialidad.

Después de notar que ver niños sufriendo no era lo de ella, haciendo su tesis de grado encontró lo que es su pasión. “Mi profesora, mi mentora neumóloga, Violeta Núñez fue mi inspiración. Desde que comencé a trabajar la tesis con ella sobre Neumología, me incliné por esta especialidad, y seguí por ahí hasta lograr lo que hoy soy en esta profesión”. Ha sabido dividir su vida entre esta área, la docencia universitaria y varios cargos públicos en el sector salud.

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Algunas opinan

“Desde los nueve años decidiste criarme. Me ensañaste que para ser madre no hay que dar a luz a una persona. Madre, de ti aprendí los consejos, sobre todo, de que hay que estudiar para ser alguien en la vida, y de que hay que hacer las cosas bien. Tú has sido un ejemplo para mí, o más bien, ustedes lo han sido, por eso hoy soy una mujer de bien”. La cita es de Dianny Pérez Paula.

Para Santa, la familia de María Nícida Beltré es la suya. “Le agradezco por los valores que siempre me ha inculcado. Nunca me ha abandonado, siempre ha estado para mí, y sabe que también cuenta conmigo. Nos mantenemos siempre en contacto porque ella es mi segunda madre, la que me enseñó tantas cosas que no sé describir. Dios la bendiga siempre a ella, a sus hijos y a su esposo, porque ellos también son muy buenos”. Este es el testimonio de una de las tantas niñas a las que ha criado, y que hoy tiene gemelos que son nietos de la dueña de esta historia.