realidad y fantasía

¡SECUESTRO!

En nuestro país, para alarma de la ciudadanía consciente y respetuosa de la ley y el orden, está ocurriendo un tipo de secuestro muy particular, cruel y despiadado.

El secuestro es un crimen horroroso, se trata de la privación de la libertad de una persona, en contra de su libertad. Para llevarlo a cabo, se puede utilizar la fuerza, ella amenaza o el engaño. La causa del crimen varía, puede ser para obtener dinero, bienes o algún otro beneficio. Esta es la exigencia para la liberación de la víctima.

Este es un delito que no solo viola los derechos humanos, sino que afecta a la víctima de manera profunda y a los allegados que pueden o no verse involucrados.

Por regla general, la legislación de todos los países dictan penas muy elevadas para este delito que tiene por consecuencia, para la víctima, un trauma que perdura en su psiquis de por vida.

En nuestro país, para alarma de la ciudadanía consciente y respetuosa de la ley y el orden, está ocurriendo un tipo de secuestro muy particular, cruel y despiadado.

Resulta que ciertos ancianos con alguna incapacidad o que, simplemente, han llegado a la senectud, gozando de buena salud y con su cerebro en perfecto funcionamiento; son una molestia y un obstáculo, para sus familiares, los que se rehúsan a hacerse cargo de esa “molestia humana”.

Para ello, acuden a galenos, sí, médicos que han hecho su juramento hipocrático. Los que por unos billetes gordos, que les sirven para la compra de un carro Mercedes-Benz o un tour de lujo en el Mediterráneo, cuando no, contribuyen a la adquisición de un apartamento en una torre de lujo, de esas que están creciendo como hongos, en Piantini, Naco o Paraiso. 

Estos extienden una orden de internamiento por “desorden mental” en alguno de los centros que ya proliferan a lo largo y ancho de nuestro país.  Provistos de jeringuillas, encargan a unos matones con fuertes sedantes para que capturen a la víctima y la lleven al sitio indicado. Si esta opone resistencia, proceden a maltratarla a base de golpes y llegan al extremo de atarla fuertemente, incluyendo sobre su cama, al estilo crucifixión.

No solo escriben los médicos de marras, involucrados en el productivo negocio, la orden de internamiento, sino que se encargan de atiborrar “al paciente” con fármacos psicóticos, incluyendo opioides, con el fin de justificar su acción y acelerar el deceso de la molesta víctima.

La pena por este tipo de delito pude llegar hasta los 20 años e inclusive más. Tratándose de los galenos dedicados a este execrable delito, su execuátur debería ser anulado, además de la pena jurídica.

En cuanto a los familiares cómplices de este horror que por lo visto está de moda, con el objeto de librarlos de una obligación para quienes les dieron la vida, la cárcel no es suficiente, Dios vengara esa denigrante acción.  

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María Cristina de Carias