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IA en la universidad: usos éticos, riesgos y recomendaciones

Su uso adecuado puede transformar positivamente la experiencia educativa, fomentando la autonomía, la creatividad y la eficiencia.

La IA no es buena ni mala en sí misma. Su impacto en la educación universitaria depende del uso que hagamos de ella.

La IA no es buena ni mala en sí misma. Su impacto en la educación universitaria depende del uso que hagamos de ella.Fuente externa

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Teresa Guzmán Lazala, Ph.D.
Santo Domingo, RD

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la educación superior ha marcado un antes y un después en la forma de aprender, enseñar e investigar. 

Su uso ético y crítico puede transformar positivamente la experiencia educativa, fomentando la autonomía, la creatividad y la eficiencia. Pero también conlleva riesgos cuando se aplica sin reflexión, orientación o criterio.

La IA ofrece múltiples oportunidades para enriquecer el proceso académico: apoyo en investigaciones, organización del estudio, generación de ideas, análisis de datos o automatización de tareas repetitivas. 

En palabras de Miranda (2023), la IA generativa- capaz de producir textos, imágenes, videos o ambientes 360°- representa una herramienta clave para una Educación 5.0 centrada en la personalización y la colaboración entre humanos y máquinas.

Además, según la Unesco, la IA tiene el potencial de democratizar el acceso al conocimiento. Pero para ello, es necesario formar a los estudiantes como ciudadanos digitales críticos, capaces de interpretar y cuestionar los resultados que estas herramientas generan, entendiendo sus alcances, sesgos y limitaciones.

Prácticas que deben evitarse

Sin una guía clara, el uso de la IA puede derivar en malas prácticas: plagio académico, dependencia excesiva, superficialidad en el análisis y pérdida de juicio propio. Como advierte Morduchowicz (2023), la IA no reemplaza la responsabilidad personal ni el criterio ético del estudiante. Confiar ciegamente en sus respuestas puede llevar a reproducir errores, perpetuar estereotipos o tomar decisiones basadas en información sesgada o descontextualizada.

Recomendaciones para una integración crítica y ética

Para aprovechar el potencial de la IA en la universidad, proponemos cuatro claves:

1. Formación en pensamiento crítico digital. Es fundamental que los estudiantes aprendan no solo a usar la IA, sino a cuestionarla e incluso a corregirla. Evaluar la calidad y pertinencia de sus respuestas debe ser parte del proceso formativo.

2. Uso de herramientas confiables. Algunas plataformas que pueden apoyar el estudio de forma ética incluyen Notion AI (organización de proyectos), Elicit (búsqueda científica), Grammarly (asistencia lingüística), ChatGPT o Gemini (generación de ideas). Pero siempre como apoyo, no como sustituto del trabajo intelectual.

3. Acompañamiento docente constante. El rol del profesorado debe transformarse hacia el de mentor y facilitador, guiando el uso ético de la tecnología y evitando que esta se convierta en una “muleta digital” que debilite la construcción de saberes.

4. Proyectos de cocreación con IA. Es importante integrar la IA en actividades que estimulen el análisis y la creación conjunta, reforzando el pensamiento complejo y la autoría académica.

Usar la herramienta con sentido crítico

La IA no es buena ni mala en sí misma. Su impacto en la educación universitaria depende del uso que hagamos de ella. Promover un enfoque ético, crítico y pedagógicamente sólido permitirá a los estudiantes no solo beneficiarse de sus capacidades, sino también prepararse para un mundo en el que las decisiones —cada vez más— estarán mediadas por algoritmos. La clave está en educar con inteligencia y sabiduría, y no solo con inteligencia artificial.

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Sobre la autora 

Teresa Guzmán Lazala es doctora en Educación por la Universidad de Murcia, España. Posee una especialidad en Gestión de Centros Educativos y es experta universitaria en entornos virtuales de aprendizaje, certificada por Virtual Educa. En la actualidad es directora del Decanato de Innovación Educativa de Unibe.