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Narrar para conservar: el rol del periodismo

En un contexto marcado por el avance del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el deterioro acelerado de los ecosistemas, el periodismo en República Dominicana y América Latina tiene un papel insustituible en la protección del patrimonio natural. No se trata únicamente de reportar hechos, sino de contar historias que conecten a las personas con su entorno, que despierten conciencia y movilicen voluntades.

Nuestra región posee una de las mayores riquezas ecológicas del planeta: desde los bosques húmedos amazónicos hasta los parques nacionales de la Cordillera Central, pasando por reservas marinas, manglares, ríos, montañas y especies únicas. Sin embargo, esa abundancia natural convive con graves amenazas: deforestación, contaminación, turismo no regulado, minería irresponsable y urbanismo descontrolado.

Aquí, el periodismo puede y debe ser un agente de visibilización. Mostrar la belleza y el valor de estos tesoros naturales ayuda a fortalecer el sentido de pertenencia y responsabilidad en la ciudadanía. Narrar el esplendor de Bahía de las Águilas, la vida en los bosques de Samaná o el equilibrio ecológico de los humedales de Monte Cristi no es un acto decorativo: es una forma de resistencia.

Asimismo, el periodismo cumple una función educativa esencial. En una región donde muchas veces los temas ambientales no forman parte de las prioridades escolares ni del debate público, los medios pueden traducir el lenguaje técnico y científico al lenguaje cotidiano, ayudando a que la gente entienda la importancia de conservar, reducir, reutilizar y actuar de forma sostenible.

En esta línea, iniciativas como el panel “Narrativas que protegen: El rol del periodismo en la conservación y difusión del patrimonio natural”, impulsado por SURA y celebrado en la Universidad APEC, refuerzan el compromiso académico y corporativo con la construcción de una conciencia ambiental a través del ejercicio periodístico. 

Estos espacios de reflexión, articulación y diálogo interdisciplinario permiten visibilizar experiencias, generar sinergias y renovar el sentido de misión que debe acompañar al comunicador en contextos de crisis ecológica. Pero más allá de informar y educar, el periodismo también debe denunciar.

Exponer la degradación ambiental provocada por intereses económicos, señalar la omisión de políticas públicas, dar seguimiento a licencias otorgadas de manera opaca o evidenciar el impacto de la corrupción sobre los ecosistemas son tareas fundamentales. Cuando se ejerce con ética y rigor, el periodismo se convierte en la voz de lo que no tiene voz.

Además, los medios pueden fortalecer las redes comunitarias que defienden sus territorios. En muchas zonas rurales y costeras de República Dominicana, como en otros países latinoamericanos, son las propias comunidades quienes resisten a proyectos extractivos o prácticas destructivas. El periodismo comprometido puede amplificar esas luchas, dignificarlas y generar apoyo nacional e internacional.

Finalmente, no debemos olvidar el papel del periodismo como custodio de la memoria ecológica. Documentar cómo han cambiado nuestros paisajes, cómo las generaciones anteriores convivían con la naturaleza o cómo se han perdido (o recuperado) especies y hábitats, es también parte del legado periodístico. 

Esa memoria construye identidad y nos ayuda a proyectar un futuro más equilibrado. En definitiva, el periodismo que apuesta por la conservación no es neutral: está del lado de la vida. 

En América Latina y en República Dominicana, donde aún queda tanto por proteger, narrar lo natural es una forma de compromiso con el bien común.

La autora es profesora titular, investigadora y

directora de la Escuela de Artes y Comunicación