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La esquina de Jackson y Calle quinta

A una edad muy temprana, en una de esas habituales mañanas en las que la principal razón para un niño leer el periódico era buscar los box-scores y resultados de la noche anterior en el béisbol de grandes ligas, el titular del domingo 24 de septiembre de 1978, en las páginas deportivas de este mismo diario, no parecía tener ninguna lógica ni ningún sentido. Como si lo estuviera viendo ahora, el titular de la noticia decía “Matan al jardinero Lyman Bostock”. El lunes pasado se cumplió el aniversario número 35 de una de las historias más tristes, trágicas, incomprensibles e inesperadas en la historia de las grandes ligas. Me refiero al asesinato del jardinero de los Angelinos de California, Lyman Bostock. A mediados de la década de 1970, cuando Rod Carew era el amo y señor del bateo en las grandes ligas, habiendo acumulado ya al menos cinco títulos, a los ojos del manager del panameño en los Mellizos de Minnesota, el reconocido Gene Mauch, solo Carew estaba por encima de otro jugador de su equipo en talento como bateador, ese era su jardinero central Lyman Bostock. Hijo de un antiguo primera base de las ligas negras, llamado Lyman Bostock, Sr., a la sazón los expertos entendían que solo era cuestión de tiempo para que el bateador zurdo conquistara un título de bateo. En sus dos primeras temporadas completas en grandes ligas, Bostock bateó .323 en 1976 y .336 en 1977. Entre 1976 a 1978, únicamente Carew y Dave Parker de los Piratas de Pittsburgh, tuvieron un average de bateo más alto que el de Bostock en grandes ligas. Si bien Bostock no tenía el poder para conectar 20 ó 30 jonrones, su juego no era exactamente unidimensional ni confinado a batear altos promedios y nada más. En su época Bostock era considerado un buen jardinero central defensivo, además de un buen corredor de bases. El éxito y las presiones del gran contratoEn 1977 Bostock fue uno de los principales jugadores de la Liga Americana, sumando a su average de .336 ñsegundo detrás de Carewñ un OBP de .389 y slugging de .508 fruto de 36 dobles, 12 triples y 14 jonrones. Bostock anotó 104 carreras, remolcó 90, conectó 199 hits y se robó 16 bases. Gracias a esa temporada y el advenimiento del nuevo sistema de agencia libre, Bostock se convirtió en uno de los jugadores más deseados en el mercado en la temporada muerta entre 1977 y 1978. Un total de 13 equipos seleccionaron a Bostock en el ya desaparecido “Draft de Agentes Libres” con intenciones de firmarlo a largo plazo. Los Yankees y Mets de Nueva York, y también los Padres de San Diego, ofrecieron villas y castillas al pelotero para conquistarlo. Finalmente, el vaquero Gene Autry, dueño de los Angelinos de California, firmó a Bostock por un contrato de 5 años y la entonces astronómica suma de 2.3 millones de dólares. Quizás producto de la presión del gran contrato, Bostock tuvo un pésimo inicio con los Angelinos en 1978. En el mes de abril apenas bateó .147 con 5 extrabases, ninguno de ellos cuadrangular. Al final de mayo Bostock estaba bateando .209 con 1 jonrón y 21 remolcadas. Frustrado por la situación, y mostrando una actitud poco común, Bostock le reclamó a los Angelinos que dejaran de pagarle su salario, porque no se lo estaba ganando. Autry se rehusó, Bostock de igual manera no se quedó con el dinero para sí, donándolo a obras de caridad, una suma cercana a 50 mil dólares. Al entrar junio Bostock empezó a ser el de antes, bateando .404 durante ese mes, y compilando en la segunda mitad de la temporada un más que respetable promedio de .309. Momento y lugar incorrectosEl sábado 23 de septiembre de 1978, ya en los últimos días de la temporada, los Angelinos jugaban una serie en Chicago contra los Medias Blancas en el viejo Comiskey Park. En el partido diurno Bostock conectó doble y sencillo acercando aún más su average de bateo a sus acostumbrados .300, quedando en .296. Luego del partido Bostock fue a visitar junto a su tío Tom Turner a familiares en la cercana ciudad de Gary, Indiana. Al terminar de cenar con sus familiares, ambos fueron a visitar a una amiga de infancia, Joan Hawkins, quien estaba en su casa junto a una hermana. Las dos damas pidieron al jugador de favor que las llevaran a casa de unos primos. En una de esas claras circunstancias de estar en el lugar equivocado en el momento menos oportuno, el automóvil en que viajaban empezó a ser seguido por otro. En la intersección de la Calle Quinta con Avenida Jackson, el otro automóvil se detuvo al lado del que andaban Bostock y sus acompañantes, y del mismo salió un individuo llamado Leonard Smith, esposo ñseparado por orden de un juez- de una de las mujeres. En medio de una discusión, y en un claro ataque de celos, Smith disparó una escopeta por la ventanilla del asiento trasero, donde estaba Bostock. El disparo impactó al pelotero en la parte derecha de la cabeza. Unas tres horas después, fue declarado muerto en un hospital cercano. Algo que hace más triste esta historia es que, el asesino, Leonard Smith, al final no cumplió más tiempo en prisión que el que permaneció bajo custodia. En el juicio su abogado alegó que al cometer el hecho su cliente estaba en estado de demencia, y el jurado decidió declararlo no-culpable, y enviarlo a una institución mental. Seis meses después los médicos despacharon a Smith a su casa, libre, porque no dio nunca visos de tener problemas mentales. Hasta su muerte, a los 64 años, Leonard Smith no cumplió condena por cegar la vida del pelotero. A 35 años de este suceso, la historia y el trágico fin de Lyman Bostock no deja de conmovernos.

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