EDITORIAL

Contra la dictadura del ruido

Escuchar música a todo volumen en colmadones, el rugido de motores sin silenciador o el abuso de bocinas ambulantes ya no es una simple molestia.

Se ha convertido en la norma callejera que, por cansancio o resignación, hemos dejado entronizar en el país.

Pero normalizar no es lo mismo que aceptar. Y ya basta.

El ruido crónico, tipificado como la segunda causa de contaminación ambiental, está destrozando nuestra salud auditiva y mental.

Hoy, más de 75 mil dominicanos tienen diagnóstico de pérdida o disminución de la audición en uno o ambos oídos.

Y los trastornos de ansiedad, insomnio e irritabilidad vinculados al estrés sonoro han alcanzado niveles inquietantes, sobre todo en niños y adultos mayores.

Existe una ley, la 90-19, que prohíbe superar ciertos decibeles. Existe una ley de tránsito que multa tocar bocina en vías públicas. Pero ambas son, en los hechos, papel mojado.

La incautación de equipos no resuelve el problema porque no hay fiscalización continua, ni operativos sostenidos, ni una cultura de denuncia activa.

Peor aún, el ruido se ha disfrazado de “identidad nacional” para excusar lo inexcusable.

Hasta en el tono de nuestra voz se refleja esta intoxicación sonora: hablamos a gritos porque hemos perdido la noción del volumen respetuoso.

Y mientras tanto, violar las normas de tránsito —bocinas, semáforos en rojo, contravía— sigue siendo la infracción más común, como si las calles fueran tierra de nadie.

Pero hay una buena noticia: la ciudadanía ha dicho «ya». Este domingo, un grupo de ciudadanos y organizaciones comunitarias se concentrará en el Parque Independencia para protestar pacíficamente contra esta tortura diaria.

La manifestación del domingo adquiere así un carácter de lucha patriótica ineludible, pero el verdadero cambio empieza el lunes, cuando cada ciudadano se convierta en fiscal de su propia cuadra.

No se trata de silenciar la alegría dominicana, sino de devolverle el sentido del respeto.

Vivir sin ruido agresivo no es un lujo: es un derecho humano.