EDITORIAL
¡Basta ya de tanto ruido!
El ruido crónico se ha convertido en una pandemia criminal en nuestra capital.
Es la queja más frecuente de los ciudadanos, y también la más vilmente abandonada por las autoridades mientras la salud mental de un pueblo entero se desmorona.
Que la Organización Mundial de la Salud lo advierta con claridad y nadie mueva un dedo con la fuerza que se requiere es un bochorno nacional.
Esta contaminación acústica es la generadora de estrés severo, trastornos del sueño y afectaciones psicológicas agudas que destruyen vidas.
¿Y qué hacen nuestras autoridades? Aunque episódicamente presumen de cumplir la ley 90-19 con operativos de incautación de bocinas , el mal persiste.
Se agrava y se burla de las autoridades.
En Los Alcarrizos, por ejemplo, los propios ciudadanos denuncian que el ruido es tan brutal que “casi sangro por los oídos”.
. ¡Eso no es vivir, es sobrevivir en medio de una guerra sónica!
Por eso, un grupo de ciudadanos desesperados ha convocado a una manifestación pacífica este domingo en el Parque Independencia.
Pero no basta con ir. Hay que inundar las calles con la misma intensidad con que las protestas por la mina de Romero hicieron recular al Gobierno.
Al Parque Independencia hay que ir en multitudes ensordecedoras, pero para clamar justicia, no para hacer ruido.
Exigimos mano firme, no simulacros. Que circulen motores y autos con mufflers adulterados disparando estruendos de balas a cualquier hora es una burla inaceptable al orden.
La Policía incauta bocinas y “kitipós” en colmadones y bares, pero sin mayores consecuencias reales para los infractores.
Por todo ello, es pertinente, diríase irrenunciable e inaplazable que todo ciudadano harto, todo ser humano que haya perdido el sueño, la paciencia o la cordura por esta plaga acústica, asuma el deber moral de acudir este domingo desde las 9:00 am al Parque Independencia.
Que el Gobierno escuche este clamor que no es una queja, sino una llamada de auxilio por la paz y la tranquilidad.
¡Basta ya de impunidad sonora!

