EDITORIAL

Preparémonos para lo que pueda venir

El cierre del estrecho de Ormuz ya no es una eventualidad pasajera.

Los pronósticos más recientes apuntan a que los precios del petróleo se mantendrán elevados durante más tiempo del previsto, con el Brent alcanzando los 100 dólares por barril en el segundo trimestre de 2026 y superando los 106 dólares en la actualidad.

En escenarios adversos, podría llegar a 120 dólares si la pérdida de capacidad productiva se vuelve permanente.

Frente a este panorama, la República Dominicana no puede seguir aplicando parches.

La sangría de los subsidios a los combustibles, fertilizantes e insumos básicos es un paliativo insostenible que agota las arcas públicas sin resolver la dependencia estructural de los combustibles fósiles.

El país necesita un viraje estratégico. El Gobierno debe presentar cuanto antes una hoja de ruta con tres ejes claros:

Primero, debe explicar a la sociedad, sin alarmismo pero con realismo, que la prolongación indefinida del conflicto implica un escenario de precios altos del petróleo por al menos todo 2026, con impacto directo en electricidad, transporte y alimentos.

Luego, plantearse seriamente la aceleración de la transición energética, priorizando las fuentes renovables (solar, eólica, biomasa) y reducir la dependencia del diésel y fuel oíl en la generación eléctrica.

Y tercero, disponer transferencias directas a los sectores más vulnerables (transporte público, pequeños agricultores, hogares de bajos ingresos), mientras se eliminan progresivamente los subsidios a los combustibles de alto consumo.

La incertidumbre geopolítica no se resuelve en Santo Domingo, pero sus efectos sí se pueden mitigar con preparación y voluntad política.

La ciudadanía merece un plan, no solo detalles vagos o teóricos, porque el momento de actuar es ahora, antes de que la tormenta energética nos golpee con toda su fuerza.