EDITORIAL

¡Alerta máxima en la frontera!

El presidente Luis Abinader ha dado un paso necesario, aunque todavía insuficiente, al disponer un reforzamiento de la vigilancia militar en la frontera.

La situación ya no admite medidas tibias ni discursos complacientes.

Hace un año, al tenor de 15 medidas de políticas migratorias, se dispuso un despliegue excepcional de tropas en toda la línea divisoria.

Ese despliegue, complementado con un moderno andamiaje de vigilancia electrónica, ha convertido a la frontera en un bastión para la seguridad nacional.

Sin embargo, la realidad se ha vuelto mucho más amenazante.

Tomando en cuenta que las tropas antipandillas de las Naciones Unidas están listas para entrar en acción, la decisión más prudente —y urgente— es elevar de inmediato y sin titubeos el nivel de control y defensa militar en toda la zona.

El propio presidente ha dado seguridades de que las tropas, bien equipadas y avitualladas, tienen capacidad para enfrentar las contingencias derivadas de una previsible operación de las fuerzas de supresión y de las reacciones de las bandas armadas a esa ofensiva.

Pero las seguridades no bastan: se requieren acciones contundentes y visibles.

De antemano, la Cancillería dominicana había advertido que el país está preparado para dar apoyo logístico a esa misión de la ONU.

Eso significa que, en materia de abastecimientos y atenciones de emergencia en salud, el país dispondría facilidades para asistir a esa fuerza de pacificación.

Sin embargo, nadie debe subestimar el peligro: Haití es un escenario donde se jugará una cruenta lucha por el poder, y sus impactos ya se sienten en nuestro suelo. No es una amenaza lejana. Es inminente y real.

Como se trata de una amenaza directa a nuestra seguridad nacional, el presidente ha dicho que este compromiso con la ONU es irrenunciable.

En un momento como este, el gobierno y las Fuerzas Armadas merecen un voto de confianza de la sociedad, pero también la obligación de redoblar esfuerzos.

No hay tiempo que perder. La contención de los flujos masivos de haitianos hacia este lado no es solo una tarea logística: es una cuestión de supervivencia nacional.

Que nadie se llame a engaño.