EDITORIAL
Las libertades que agonizan
Con la violencia enquistada en las entrañas mismas de la sociedad, el ejercicio de la libertad —tanto individual como colectiva— se ha convertido en un privilegio de pocos.
La libertad de transitar sin temor por las calles es ya un recuerdo lejano.
Hoy se camina con los ojos en alerta permanente, con la esperanza de esquivar a un conductor imprudente o de no cruzarse con un asaltante dispuesto a arrebatar lo poco que se lleva, a punta de pistola o cuchillo, si la víctima osa resistirse.
También la libertad de disfrutar del esparcimiento, sea en espacios cerrados o al aire libre, se ejerce con reservas, con ese desasosiego que impone la amenaza latente.
Porque a medida que se debilitan o rompen los diques de la convivencia, la libertad humana se resquebraja y sucumbe ante el embate de la violencia.
Como lo ha denunciado con entereza la procuradora general de la República, Yeni Berenice Reynoso, hemos instalado ya una cultura de violencia, incomprensión e intolerancia.
Esto se manifiesta en una escalada de amenazas, extorsiones y agresiones que constituyen el pan de cada día.
Se ha normalizado el recurso al instinto de muerte por encima del diálogo y la solución pacífica de los conflictos.
Pareciera que impera la ley de la selva, y no la de una sociedad que dice aspirar a la civilidad y al progreso.
Frente a esta realidad alarmante, Listín Diario ha propuesto la creación de un Foro contra el Crimen y la Violencia.
Su propósito es convocar a todos los sectores —gobierno, iglesias, empresarios, educadores y sociedad civil— en un compromiso firme e inquebrantable por la seguridad y la paz.
Urge desmontar la lógica del "sálvese quien pueda" y anteponer, con pedagogía y determinación, los valores de una convivencia civilizada.
No podemos permitir que el miedo y la barbarie sigan ganando terreno en la sociedad que amamos.

