EDITORIAL

Luces en nuestras autopistas

Un cambio tangible y positivo está operando en las principales vías del país.

La densa oscuridad que antes envolvía carreteras y autopistas, como la de Las Américas, generando inseguridad y una pésima primera impresión para el turista recién llegado, está siendo disipada por el resplandor eficiente de la tecnología moderna.

Este avance se materializa en la instalación de lámparas LED alimentadas por energía solar, que hoy iluminan importantes avenidas, autopistas y los llamados bulevares turísticos.

La novedad va más allá del indudable efecto estético. Es, ante todo, una inversión en seguridad vial.

Esta iluminación permite a los conductores visibilizar con claridad los carriles, transformando la experiencia nocturna de viajar casi a ciegas de noche.

El sistema se complementa de manera inteligente con la incorporación de señales refractarias en las demarcaciones centrales, una ayuda vital para identificar la trayectoria de la vía.

Además, se desarrolla en paralelo un esfuerzo integral de mantenimiento.

La Red Vial ejecuta un operativo permanente para remover la basura que lamentablemente aún se arroja en ciertos tramos, y trabaja en el asfaltado de los innumerables baches y sectores deteriorados, causantes frecuentes de accidentes.

Esta iniciativa, que ya se extiende a los corredores que conectan con otros aeropuertos internacionales, marca un antes y un después.

Ya no da “grima” transitar de noche; ahora inspira una mayor confianza.

Celebramos esta obra de evidente utilidad pública.

Confiamos en que este proyecto de iluminación no solo reduzca los accidentes y los temores del trayecto nocturno, sino que simbolice el firme compromiso con una infraestructura digna, segura y al servicio de todos.

Es la luz que guía, literal y metafóricamente, un camino hacia un país mejor conectado y protegido.