EDITORIAL
Una sordera institucional que exaspera
La queja es unánime y recurrente y el Listín Diario puede dar fe de ello, con pruebas a la mano.
La dura realidad es que el ciudadano clama ante necesidades urgentes y tropieza con el muro de la indiferencia oficial.
Es profundamente injusto que quienes sufren las fallas deban desgastarse, día tras día, buscando apenas ser escuchados.
Grupos comunitarios han relatado al “Listín en el barrio” cómo sus solicitudes y denuncias caen en el vacío, pese a promesas repetidas.
Hay fallas en infraestructuras que fueron notificadas una y otra vez, sin que se actuara a tiempo.
Esta desatención no es un error administrativo. Es una falta de respeto a la dignidad de la gente.
Un caso emblemático es el estado de los tanques de agua en Santo Domingo.
Ante las alarmas encendidas por las comunidades sobre un “riesgo inminente”, la CAASD finalmente activó un plan de rehabilitación.
Es loable esta respuesta, diferente a la que se espera de otras instituciones, donde solo se actúa cuando el reclamo colectivo se vuelve impostergable.
Existen entidades donde ni siquiera se concede al ciudadano la cortesía de una audiencia.
Que la CAASD, con sus comprensibles demoras, aún “da la cara”, revela lo bajo que está el listón de la atención pública.
La exigencia es clara. Todas las instituciones deben adoptar una línea de conducta proactiva y urgente.
Escuchar y actuar con celeridad no es un favor, es una obligación imperativa.
La verdadera eficiencia de un servicio público se mide por el respeto al tiempo y al bienestar de la gente.
Ignorar sus voces no es solo ineficiencia. Es una injusticia que socava la confianza del pueblo en sus autoridades.

