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Vida Verde jueves, 20 de febrero de 2020

ENCUENTRO VERDE

Parque Nacional Cotubanamá: ¿qué pasa si se destruye el área protegida más visitada de RD?

Yaniris López
Santo Domingo

La fragmentación del Parque Nacional Cotubanamá (PNC), anteriormente Parque del Este y  bajo protección desde 1975 mediante el decreto 1311, impactaría de tal forma el ecosistema de la región sureste que provocaría no solo la pérdida de una peculiar biodiversidad, sino problemas sociales y económicos, alertó el biólogo dominicano Kelvin Guerrero en el Encuentro Verde de Listín Diario.  

El parque, como se registra en su Plan de Manejo 2014-2018, ocupa una extensión de 791 kilómetros cuadrados (incluyendo su zona marina), se extiende desde las cercanías de Bayahíbe hasta Boca de Yuma e incluye la isla Saona y el cayo Catalinita.

El mismo plan destaca la existencia de 575 especies de plantas vasculares (9.8 % endémicas) en el área protegida, representando el 10.2 % de las plantas reportadas en la isla. La rosa de Bayahíbe, el cotoperí y el cacheo de Saona son exclusivos de este parque.

En cuanto a fauna terrestre se han reportado 300 especies de invertebrados, 175 de aves, 31 de reptiles, 4 de peces, 7 de anfibios y 7 mamíferos. Dentro de la fauna marina: 4 especies de delfines, la ballena jorobada, el cachalote, el manatí y 4 especies de tortugas.

Estas son las especies inventariadas, destaca Guerrero, “pero cada día se descubren nuevas especies gracias a los estudios científicos que se realizan en la zona”.

¿Qué representa toda esa biodiversidad para el parque?

Cotubanamá es la única masa boscosa del llano costero oriental, apunta.  Alrededor solo hay caña de azúcar, un monocultivo intensivo.

Allí no existen corredores biológicos de importancia como en la Sierra de Bahoruco, loma Miranda, Honduras-El Matadero, Casabito, Ébano Verde o el parque Armando Bermúdez.

“¿Para dónde van a coger esos animales, poblaciones locales, exclusivas de ahí? Aunque vayan a otros sitios entre Saona y tierra firme o hasta Punta Cana a buscar comida tienen que regresar”.  

Fundador de la ONG comunitaria Fundación Amigos del Parque Nacional del Este (Ecoparque),  Guerrero cuenta con una amplia experiencia en ecología, taxonomía, conservación y manejo de áreas protegidas.

A finales de 2019, un grupo de ambientalistas denunció que un permiso ambiental había sido otorgado a la empresa Globalia, propiedad de José –Pepe- Hidalgo, para la construcción de un proyecto turístico en el Área de Recreo Guaraguao-Punta Catuano, en el Parque Nacional Cotubanamá.


¿QUÉ IMPLICARÍA LA REDUCCIÓN DE LA MASA BOSCOSA?

En el parque se distinguen tres zonas de vida: el bosque húmedo subtropical, el bosque seco subtropical y el bosque húmedo de transición a seco.

Pese a que no cuenta con ríos superficiales, el PNC es un regulador climático del área en términos de precipitaciones, de temperatura y de la administración del manejo hídrico, explica Guerrero.

“El agua de los hoteles de la zona de Bayahíbe la sacan de Padre Nuestro, que estaba fuera del parque y los hoteleros recomendaron incluirla mediante resolución, para proteger los manantiales que suplen de agua a la comunidad y a los hoteles. No ves cerca de allí ríos artificiales, excepto el Yuma y el Chavón, porque toda el agua es subterránea. Y esa agua subterránea es excelente porque viene infiltrada; el sílex que tiene la roca caliza y el carbonato de calcio la purifican mucho más que las agua superficiales”.

¿Cuánto les costaría a los hoteleros suplirse de agua en caso de que el sitio sea afectado?, añade la bióloga Yvonne Arias, coordinadora del encuentro. “Por eso siempre hemos pensado que ellos también deben ser aliados en esta lucha”.

De acuerdo con Guerrero, si se reduce la masa boscosa no tendremos ni regulador climático ni administrador de agua.

“El parque está en una plataforma caliza, el agua se infiltra muy rápido, no se me retiene. Sin esa masa boscosa que administre esa escorrentía de agua y que almacene la humedad, se reducirá la presión hídrica del agua dulce hacia el mar y se producirá la intrusión salina, lo que provocará que se salinicen los suelos. Las tuberías y todas las cosas se le dañarán a esos hoteles si no son galvanizadas a prueba de salinidad”.


Y UN PROBLEMA DESENCADENA OTROS...

¿Qué pasará sin la masa boscosa? Subirán las temperaturas, continúa Guerrero, “porque no tendrás un dossier de hojas que te regule esa humedad, esta se va a evaporar más rápido y va a crecer la maleza. Cuando haya incendios, eso se va a ir todo”.
Es compleja la situación, advierte, porque esto desencadenará otros problemas sociales, económicos y pérdida de la biodiversidad.

Debido a la falta de zonas boscosas en los alrededores, La Romana es una de las provincias donde se sienten las temperaturas más altas.

“Allí es difícil caminar. Un impacto negativo en el PNC se va a traducir en temperaturas más altas para esa zona, esto evaporará la poca humedad que hay muy rápido y se producirán incendios forestales con más frecuencia”.
Y si los hoteles, tanto de Bayahíbe como de La Romana, tienen problemas para su sostenibilidad, miles de empleados perderán sus trabajos, sostiene Arias.

“Cuando se hace la clasificación de las áreas protegidas nos guiamos por los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Al Ministerio de Medio Ambiente no le luce desconocer que un área nacional de recreo es una categoría protegida dentro de la UICN, que nosotros la asumimos”.

Asegura que la destrucción de un ecosistema como el del PNC es interrumpir el mantenimiento de la biodiversidad, ese proceso ecológico y evolutivo que se extiende por miles de años.

Existe en el parque una especie endémica de escorpión del cual se está extrayendo un compuesto activo anticancerígeno, un indicativo, para Guerrero, de que la importancia de mantener la biodiversidad no es solo científica, estética o recreativa, sino médica.

“Más del 75 % de los ingredientes activos de los productos farmacéuticos provienen de las plantas. Quizá en este momento al bosque seco no se le vea importancia porque pienso que no me está dando nada y puedo destruirlo para agricultura,  que va a ser algo temporal, pero después no voy a tener ese reservorio de esa fauna y flora que me garantiza la estabilidad climática, el mantenimiento de la biodiversidad y los productos futuros”.

Además, considera que al tratarse de un área marina, una construcción en el área de recreo interrumpiría el proceso también biológico ecológico del comportamiento de especies como el maquey o cangrejo rojo, que en su estado juvenil larvario necesita de los mangles antes de pasar a tierra.
 

HOY: SEGUIMIENTO A LA MEDIA CAUTELAR

La Coalición por la defensa de las áreas protegidas de República Dominicana invita a la ciudadanía a dar seguimiento a la medida cautelar para la suspensión del permiso otorgado por el Ministerio de Medio Ambiente a la empresa Globalia para la construcción del proyecto Leaf Bayahíbe dentro del Área de Recreo Guaraguao-Punta Catuano. Esta medida se conocerá nuevamente en audiencia hoy a las 2:00 de la tarde en el Tribunal Superior Administrativo (TSA).

Permitirle a una empresa la construcción de un proyecto turístico es abrir las puertas para que otros dueños de terrenos de la zona que ahora están callados también consideren que merecen el permiso para construir en el área protegida, puntualiza Guerrero.

¿Por qué el impacto es negativo así la intervención se haga en un área pequeña? “Porque si en esa masa boscosa haces un claro aquí, y otro allá, impactarás especies como el barrancolí, que vive dentro del bosque y no se desplaza a grandes distancias. Eso es fatal, porque quedaría atrapado en un área”.

Y esto, comenta a su vez Eladia Gesto, coordinadora de proyectos de la fundación Propagás, dispara la vulnerabilidad de las especies al máximo y las llevaría a la extinción.


EL AREA MÁS VISITADA

El Parque Nacional Cotubanamá es la más visitada de las áreas protegidas dominicanas, con alrededor de 1 millón 300 mil visitas al año.

“Si la entrada al parque cuesta 250 pesos por persona, hemos calculado que deja más de 300 millones de pesos al año”, comenta Euren Cuevas Medina, director del Instituto de Abogados para la Protección del Medio Ambiente (Insaproma) y miembro de la coalición, quien también participó en el Encuentro Verde.