Evento

La Feria de Abril Impecable

Impecable. Esta palabra le hace justicia a la Feria de Abril. Al principio, solía definir a Sevilla como una ciudad "mágica", perdida en el análisis de sus colores, sus calles y esa historia que parece extraída de un cuento que sus habitantes protegen con un orgullo envidiable. Pero tras vivir la Feria, entiendo que la perfección no es un truco. Mantener viva la tradición bajo esa luz natural no es magia; es una decisión estética y cultural que no admite errores.

Tener el privilegio de estar allí es ver cómo la juventud se adueña del ritmo y rito. Los jóvenes continúan la tradición y, aunque llevan ya años repitiendo el calendario, caminan por allí con la emoción del primer día. El despliegue de las flamencas es un espectáculo de detalles: el peinado perfecto, el mantocillo exacto, los pendientes que enmarcan el rostro. Y ellos, los hombres, con un garbo digno de elogio, visten sus trajes con una actitud y un estilo que obliga a mirar.

En mi celular guardo las pruebas de esa alegría: fotos donde desconocidos se colaban en nuestras tomas solo por las ganas de ser parte del momento, de compartir la risa. ¡Y olé! por esos amigos de los amigos que nos colaron en sus casetas para que la experiencia sea completa.

En las casetas, la feria tiene muchos idiomas. Entre sevillana y sevillana, y con el rebujito como cómplice de la noche, de repente el aire se llenaba con la música del mundo. Escuchar un merengue de Juan Luis Guerra o una bachata o reguetón fue entender esa parte de la fiesta, la que nos abraza a todos los que venimos de fuera; y que también es hermosa.

Son las 4:00 a. m., a buscar el bus para volver a casa... los pies no dan para más. Y la fiesta sigue… ¡Siempre!

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