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Ventana sábado, 08 de enero de 2022

La magia de pasar

  • La magia de pasar
Luis Beiro
Santo Domingo, RD

No le temo a la prueba del salto a contraluz, a la sombra inquieta que cruza de mi mano hacia el vacío con su hálito fantasma.

   No le temo a ser cambiado de lugar una y otra vez, con los dedos en el alma porque sé que volveré al delirio, al vértigo, cuando el polvo no bate con furia en mis ojeras.

   No creo en la mansa servidumbre y estoy dispuesto a soportar la estocada del temblor: Saldré de mi interior en busca de mi propio límite y no me detendré, aunque caigan las sagradas barreras de la demencia. He aprendido a mirar lo que no me corresponde. Dejo en el aire las gotas de nostalgia que me impiden tocar las magnitudes con el amor que soy capaz de arder.

   No temo pasar porque me acompañan las madrugadas en forma de serpientes: No he perdido un solo rastro de amor, conservo las brazadas gigantes, las historias que me hicieron agua bienaventurada.

   Si he llegado al lugar de los desastres con pasión maldita, es porque he roto las arcas transparentes, los nudos de seda alrededor de mi garganta. Sólo tengo mi alma preparada para saltar.

   Si todavía insisto en jugar con la palabra es por mi mala memoria: Escritos con mayor o menor fortuna, mis papeles rompen las puertas cerradas en el rostro del honor.

   Por decirle incapaz al incapaz, mis ojos habitan la órbita del sagrado sacrificio: No me falta la salida del crepúsculo, ni la cambio por el anillo del rey: No me canso de buscar porque en cada nuevo amor me juego la suerte de crecer transfigurado.

   Si pudiera repetirle al inepto su insolencia, no vacilaría en hacerlo, aunque me cueste andar por los tejados a medianoche con mi guitarra sonando por encima de muros enrejados. Mis fábulas no podrán ser azotadas jamás porque traen los ojos de la indócil sencillez.

   Aquí, ahora, con deseos de seguir pecando, comienzo a reaprender: El poder no es una varita mágica en manos de un vulnerable mandamás que sólo convierte en realidad sus propias recompensas. Es solo una oración transparente, dicha en alta voz al gendarme que te va a decapitar en cuanto la termines.