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PAQUITO

El parque olía a cambio

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Jhonatan Liriano LizardoSanto Domingo

Yo estuve ahí. Con estos ojos que se han de comer los gusanos, observé el gran acontecimiento. No voy a decir que los participantes formaban una multitud, pero sí eran los suficientes como para comenzar la revuelta que tanto necesita esta República de las Maravillas. Antes de la hora señalada, agentes policiales rodearon el parque que los jóvenes perfumaban de indignación y esperanza a medida que iban llegando. Vendedores ambulantes, estudiantes universitarios, parejas recién copuladas, mecánicos, chivatos, obreros, dirigentes sindicales, amas de casa, artistas y amigos de la prensa se reunieron frente a la glorieta, cada quien con su respectivo zapato en la mano. El equipo organizador ya había colocado muñecos en representación de los maravillanos que han convertido a la nación en una cueva de manilargos y simuladores. Los policías intentaron distraer a los presentes con una de sus conocidas payasadas, pero la astucia y la visión previsora de los muchachos y las muchachas no permitió el boicot. El acto continuaba. Una de las coordinadoras inició la cuenta regresiva: “Cinco, cuatro, tres, dos, uno...” Y llovieron zapatazos, sobre los muñecos, sobre la impunidad, sobre la corrupción, sobre las mentiras del Gobierno, sobre el sistema de partidos clientelista, sobre la Justicia complaciente, sobre la inercia, sobre el olvido. En cada lanzamiento los jóvenes expresaron la vergüenza que sienten por vivir en un país donde las autoridades privilegian a los delincuentes y castigan a los promotores de la esperanza. En la suela de algunos zapatos pude leer reclamos de profundos cambios sociales, otros convocaban a un río de sueños, a un caudal de esperanza, y todos exigían respeto. ¿Que se pasaron de la raya? No ombe. Eso es lo que dicen los acomodados. Los que no padecen todos los días las consecuencias de la corrupción, los que no conocen el discurso del caldero vacío, los que defienden este apestoso estado de cosas porque llevan una vida “organizada” dentro de él. ¿Que mis palabras son feas? Feas son las de los jueces que dicen que toman decisiones importantes bajo presión, pero nunca revelan el nombre de quienes los presionan. Horrible es el caso de los senadores y diputados que no trabajan pero disfrutan de todos los privilegios que les ofrece el poder. ¿Existen declaraciones más desagradables que las ofrecidas por el máximo líder del progreso maravillano después que puso en libertad a una famosa corrupta, dizque por razones humanitarias? No lo creo. La lluvia de zapatazos que calló en el parque Enriquillo la semana pasada no constituye ningún irrespeto. Es el comienzo de una tormenta de transformaciones que nació en el corazón de la juventud comprometida con el presente y el futuro de esta media isla. Es la primera victoria de una lucha que apenas inicia.conpaquito.blogspot.com

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