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CIENCIA

La ética de fecundar mundos habitables pero estériles

La Humanidad puede asumir éticamente misiones para 'sembrar' con vida terrestre microbiana otros mundos habitables pero estériles, donde la vida no ha llegado a emerger, a modo de 'atajo evolutivo'.

Una investigación liderada por Claudius Gros, del Instituto de Física Teórica de la Universidad de Goethe, publicó recientemente un artículo que analiza la protección planetaria y defiende las misiones "de tipo Génesis" en mundos donde la vida no se ha desarrollado.

El estudio, que se publicará en la revista Acta Astronautica, se centra como destino en los planetas rocosos similares en tamaño a la Tierra y con presencia de oxígeno --que es tóxico para los ciclos de reacción química que son los precursores de la vida-- y que ocupan la zona habitable de estrellas enanas de tipo M, cuya radiación es inferior a la de nuestro sol.

Como fundador del Proyecto Génesis, Gros aborda el tema ético de la siembra de planetas extrasolares y argumenta cómo y por qué la protección planetaria puede no aplicarse en estos casos.

El Proyecto Génesis apunta a enviar naves espaciales con fábricas de genes o vainas criogénicas que podrían usarse para distribuir vida microbiana a exoplanetas de habitabilidad transitoria, es decir, planetas capaces de sustentar la vida, pero que no es probable que la originen por sí solos.

Al menos en la Tierra, tomó mucho tiempo para que llegara la vida compleja. La explosión cámbrica solo ocurrió hace unos 500 millones de años, aproximadamente 4.000 millones de años después de la formación de la Tierra. "Si les damos a los planetas la oportunidad de acelerar la evolución, podemos darles la oportunidad de tener sus propias explosiones cámbricas", explicó Gros a Universe Today.

El propósito de una misión de tipo Génesis sería, por lo tanto, ofrecer a los planetas extrasolares un atajo evolutivo, saltarse los miles de millones de años necesarios para que las formas de vida básicas evolucionen y moverse directamente al punto donde los organismos complejos comienzan a diversificarse. Esto sería especialmente útil en planetas donde la vida podría prosperar, pero no surgir por sí sola.

Lo que esto significa, en términos de planetas extrasolares similares a la Tierra que orbitan las estrellas de tipo M, es que la protección planetaria no se aplicaría necesariamente. Si no hay una vida indígena que proteger, y las probabilidades de que surja no son buenas, entonces la humanidad ayudaría a la vida a emerger localmente y no a obstaculizarla.

"Marte fue transitoriamente habitable, con condiciones climáticas tempranas, pero no ahora. Otros pueden ser habitables durante 2 o 3 mil millones de años, un lapso de tiempo que no sería suficiente para que las plantas y los animales evolucionen de manera autóctona. Si la vida nunca emerge en un planeta, permanecerá estéril para siempre, incluso si pudiera sustentar la vida. Es probable que el oxígeno evite la vida emergente en primer lugar, ya que es tóxico para los ciclos de reacción química que son los precursores de la vida", explica.

Al final, el propósito detrás de la práctica de la protección planetaria es obvio. Si la vida surgió más allá de la Tierra, --argumenta el investigador-- entonces es distinta y merece una oportunidad de prosperar sin la interferencia de los seres humanos o los organismos invasores de la Tierra. Lo mismo se aplica a la vida en la Tierra, que podría ser interrumpida por organismos extraños traídos de regreso por muestreo o misiones exploratorias.

Pero en el caso de que los planetas terrestres que orbitan alrededor de la estrella más común en la galaxia no puedan encontrar vida, entonces el transporte de organismos terrestres a estos planetas podría ser una buena idea. Si la humanidad está sola en el Universo, entonces la propagación de organismos terrestres de esta manera estaría al servicio de la vida, sostiene.

Y si, aunque es una posibilidad descabellada, la vida en la Tierra es el resultado de una panspermia dirigida, entonces se podría argumentar que la Humanidad tiene el deber de sembrar el cosmos con vida. Si bien la recompensa no sería inmediata, el conocimiento de que estamos dando una oportunidad a la vida en mundos donde de otra manera no podría existir es una inversión que vale la pena, argumenta Gros.

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