SIN PAÑOS TIBIOS
Como Juanita Morel
Que la explotación minera en San Juan no iba, era algo absolutamente predecible. La secuencia de hechos activada el 09 de abril –cuando la empresa canadiense Goldquest realizó una vista pública ante comunitarios–, generó una serie de manifestaciones y protestas, que culminaron con la marcha del pasado domingo 03, que fue una genuina expresión del estado de ánimo de buena parte de una provincia que pacíficamente decía “Agua sí, oro no”.
Lo de predecible era obvio por la conjunción de factores y circunstancias políticas, económicas, ambientales y sociales que hacían del territorio un polvorín; justo cuando el país vive ansiedades y desafíos derivados de un contexto internacional impredecible, volátil y turbulento. En esa tesitura, el gobierno no podía permitirse el lujo de una crisis; de gente de todas las provincias marchando hacia San Juan. En un plano más particular, el gobierno no aguanta la presión de las redes sociales y huye como el diablo a la cruz a las tendencias virales que le cuestionen o se burlen.
El problema no es El Romero, eso se sabía que iba a pasar. Algunos en el gobierno seguramente pensaron, ¿por qué pagar un costo político tan alto por una operación minera pequeña y breve? En esa lógica reduccionista era válido desechar la opción minera, al fin de cuentas, no sería este gobierno el que vería una onza de ese oro. Lo del mensaje a la inversión extranjera amerita otro análisis...
La gran discusión que tenemos que tener como sociedad, el gobierno no la quiere tener. Aquí se habla de “Meta 2036” para cualquier “caballá”, menos para una Política Pública Minera. Para el Estado sentarse en una mesa con ambientalistas, académicos, mineros, ciudadanos, empresarios, curas y pastores, etc., y tener una conversación franca, abierta y transparente, para eso no hay tiempo.
En lo que el gobierno se decide alguna vez a ser activo y proactivo a nivel de planificación minera, y no reactivo y tardío –como lo ha sido siempre–, toca recordarle que si no hacemos un gran debate nacional; si no decidimos de una vez y por todas si queremos o no tener minería; y si sí, bajo cuáles términos y modalidades que beneficien a las comunidades y protejan el medioambiente; ese rechazo generalizado y ese empoderamiento ciudadano se convertirá en una causa mucho más grande; una que hará que la gente vuelva a marchar, esta vez a Pedernales, al corazón mismo del proyecto de Tierras Raras del gobierno; ese sobre el que no se ha informado nada; donde se están cometiendo los mismos errores básicos que ocurrieron en San Juan, porque la gente merece información oportuna.
Entonces, en ese momento ya no habrá tiempo y el gobierno tendrá que bailar el merengue apambichao y su estribillo más irónico: “maté una paloma, maté una perdiz, con el mismo tiro, me matán a mí”.

