La lucha que me hizo líder de la ADP
A nadie se le ocurrió que aquel 31 de julio de 1980 marcaría el inicio de la lucha más prolongada y agotadora que haya librado el gremio magisterial dominicano.
Este episodio de mi vida comenzó el 21 de enero de 1980, cuando fui elegido Secretario General de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP). Desde entonces, el magisterio inició un plan de lucha en demanda de aumento salarial, seguro médico y la entrega de 200 apartamentos construidos por el presidente Antonio Guzmán, que pretendían ser asignados a funcionarios no docentes.
La jornada de lucha arrancó el 8 de mayo con paros parciales regionales escalonados, seguidos por una huelga nacional de 48 horas los días 15 y 16 de mayo.
Al concluir el año escolar en junio, el entonces Secretario de Educación, Pedro Porrella Reynoso, aprovechó la desmovilización del magisterio por el inicio de las vacaciones para ejecutar una represalia sin precedentes: ordenó la cancelación de 142 secretarios generales de la ADP, junto a los miembros del Comité Ejecutivo Nacional. La medida fue notificada mediante telegramas el 25 de julio, día de pago, e incluyó además el descuento salarial a miles de docentes como sanción por las protestas. La indignación fue inmediata.
Maestros, estudiantes, padres y tutores se lanzaron a las calles. El 1 de julio organizamos una gran marcha que partió desde la Universidad Autónoma de Santo Domingo hacia la Secretaría de Educación.
En la avenida Independencia fuimos interceptados por efectivos de la Policía Nacional, quienes lanzaron bombas lacrimógenas y disparos de escopeta. Varios maestros y estudiantes resultaron heridos. Recuerdo con dolor a los profesores Humberto Morillo Ogando, de Hondo Valle, y Pablo García, de Tenares, ambos alcanzados en la cabeza.
A pesar de la represión, intenté reorganizar la marcha. Pero una segunda embestida policial dispersó a la multitud.
Yo decidí quedarme. Frente a la Clínica Cabral y Báez, junto a diez dirigentes, nos tomamos de las manos y nos sentamos en el pavimento, en un acto de resistencia que desafiaba el miedo. La policía nos cercó. Permanecimos allí durante horas, con los ojos ardiendo por los gases, pero firmes, negándonos a huir.
Así comenzó una lucha que se prolongaría durante siete meses. Finalmente, logramos la reintegración de los maestros cancelados, el pago de los salarios retenidos y la destitución del Secretario de Educación. Las reivindicaciones fueron conquistadas, incluyendo el proyecto habitacional para los docentes, bautizado como Eugenio María de Hostos.
La ADP creció hasta convertirse en una fuerza nacional. Y yo, sin ser bachiller ni maestro del sistema público, sino docente de un colegio católico en Gualey, me convertí en líder del magisterio dominicano.
Porque la historia, como la física cuántica, se construye en esos instantes decisivos donde una acción correcta puede transformar el destino de un hombre… y el de todo un pueblo.

