Tribuna del Atlántico
El Gobierno “se anotó un virao” con los consulados
El lema del Partido Reformista, al que luego se le agregó el apellido de Social Cristiano, al adscribirse a esa corriente, es “Ni injusticias ni privilegios”.
No voy a analizar aquí que tanto cumplió o no, ese partido con su lema, desde siempre las injusticias y los privilegios han sido moneda corriente en este país.
Pero el lema viene a cuento a propósito del anuncio del Ministerio de Relaciones Exteriores, de iniciar el proceso para poner fin, a uno de los privilegios más irritantes de la administración pública dominicana, el tema de los ingresos de los cónsules, que era una verdadera injusticia, en relación al los magros ingresos de otros servidores públicos.
Al disponer que los ingresos de los consulados sean manejados por el Estado y que los mismos vayan directamente a Cuenta Única del Tesoro, se da un importante paso para corregir una distorsión que limitaba los recursos estatales, para hacer millonarios a dirigentes políticos premiados.
Es de conocimiento general que los beneficiados con esas posiciones, suelen tener responsabilidades de aportar recursos a las organizaciones políticas a las que pertenecen, pero en esencia se trata de un mecanismo para que algunos dirigentes se hagan de un buen dinero, de forma legal.
El cambio hará posible que el Gobierno dominicano pueda cubrir mejor los gastos de nuestra diplomacia, sin cargar demasiado el presupuesto nacional.
Lo que está bien hay que aplaudirlo y respaldarlo, una nación a la que no le sobran los recursos, hace rato que debió poner orden en las finanzas del sistema consular, que debe ser, sobre todo, un instrumento al servicio de los dominicanos que residen en el exterior y una vía idónea para promover el intercambio comercial.
Lo que se espera de esta medida, es la implementación de mecanismos que garanticen la transparencia e idoneidad de los esquemas de control a establecer y que no se dejen vías para un manejo discrecional de los consulados.
Que el país conozca de forma precisa, cada año, lo que ingresa a cada una de las representaciones consulares, mediante mecanismos institucionales que garanticen la correcta rendición de cuentas en ese servicio y el libre acceso a la información pública.
De paso la medida también servirá para que nos hagamos una idea más precisa, de cuanto creció la fortuna personal de algunos de los premiados hasta ahora.
El viejo refrán que dice que: “nunca es tarde, si la dicha es buena”, es oportuno para una medida que tal vez debió entrar en vigencia hace algunos años.
Junto a las acciones emprendidas desde la cancillería de racionalizar el número de vice cónsules, que en algunos casos llegaban a números absurdos y abusivos, esta iniciativa va en la dirección de hacer de nuestro servicio exterior, una entidad cada vez más eficiente y profesional.
Así las cosas, hay que decirlo con propiedad, el Gobierno “se anotó un virao”, con una decisión que de seguro no será bien vista por todo aquel que aún espera un nombramiento como cónsul, pero que es, sobretodo, saludable para las arcas nacionales.
Enhorabuena.

