MIRANDO POR EL RETROVISOR
Desagravio a Los Trinitarios
Me causó una mezcla de pena y vergüenza leer el siguiente título de una noticia: “Condenan a 27 años de cárcel a miembro de Los Trinitarios”. La nota periodística tenía también como “localizador” o “antetítulo”, lo que en medios así llamamos según la extensión, “Los Trinitarios”, una reiteración innecesaria.
En ninguno de esos encabezados de la información se tuvo el cuidado de especificar que se trataba del integrante de una banda criminal identificada con ese término tan ligado a nuestra historia patria. Para enterarse había que dar clip a la noticia y, en un tiempo en que un considerable número de lectores no pasa del título, se entenderá por qué reaccioné de esa manera.
El condenado es Gibran Guerrero, alias “Cojito”, de 22 años, residente en El Bronx de Nueva York, quien antes se había declarado culpable de un cargo de conspiración para delinquir y otros dos sobre uso de arma de fuego en robos cometidos, con un asesinato incluido.
El expediente en su contra indica que para financiar la peligrosa pandilla a la que pertenecen, proteger su territorio y fortalecer su posición, miembros como Guerrero, han participado en robos, fraudes, narcotráfico y otros actos de violencia.
La peligrosa organización criminal que procura apropiarse de ese calificativo patriótico está compuesta por dominicanos y criollos que han adquirido la nacionalidad estadounidense.
Se originó en 1989 en la prisión de Rikers Island, un centro penal de Nueva York donde los presos dominicanos se unieron para protegerse de los ataques de otros reclusos.
De una banda de prisioneros, pasó a ser una organización con presencia en los diferentes distritos de Nueva York y otros estados norteamericanos, pero su influencia también se ha extendido a naciones europeas.
Tomando en cuenta ese deplorable bagaje, por qué llamarles "trinitarios" a antisociales que echan por el suelo la reputación de tantos dominicanos que se ganan la vida de manera honrada en el exterior. Y que también deshonran la memoria de los próceres dominicanos que mantuvieron una trayectoria ejemplar.
El perfil de esa organización no tiene el más mínimo vínculo con el de la entidad patriótica creada por el prócer Juan Pablo Duarte, aunque hayan cometido hasta el atrevimiento de usar el lema nacional.
El 16 de julio del año 1838, bajo el lema “Dios, Patria y Libertad” y con un juramento patriótico firmado con la sangre de los conjurados, en la casa de Josefa Pérez de la Paz (doña Chepita), ubicada en la calle del Arquillo, hoy Arzobispo Nouel, frente a la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, fue creada la sociedad secreta La Trinitaria, el instrumento utilizado por Duarte para perfilar lo que sería una nación libre, independiente y soberana.
Los miembros fundadores, Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina, Jacinto de la Concha, Félix María Ruiz, José María Serra, Benito González, Felipe Alfau y Juan Nepomuceno Ravelo, dieron inicio a ese día a la gesta que culminó con la proclamación de la Independencia Nacional, con el icónico trabucazo del prócer Mella, en la Puerta de la Misericordia.
Se llamó “La Trinitaria” en alusión a la santísima, augustísima e indivisible trinidad de Dios Omnipotente, expresión con la que comienza el mencionado juramento. Además, porque a partir de ese momento, quien ingresara a la sociedad, debía captar a tres personas más, siempre bajo una estricta confidencialidad.
Los trinitarios, quienes creían en la independencia pura y simple de la parte Este de la isla Hispaniola, se movían junto a otros dos movimientos que desconfiaban de las posibilidades de la nación soñada de fraguar su destino sin la muleta de una potencia extranjera, los llamados “afrancesados”, liderados por Buenaventura Báez, y los conservadores, encabezados por Tomás Bobadilla y Briones, quienes defendían seguir bajo la tutela de España.
La Trinitaria fue creada el 16 de julio del año 1838, bajo el lema “Dios, Patria y Libertad” y con un juramento patriótico firmado con la sangre de los conjurados.
Los integrantes de la organización patriótica fueron llamados peyorativamente “filorios” porque como elemento distintivo -los hombres en las solapas de sus chaquetas y las mujeres en el pelo-, llevaban una flor blanca denominada Filoria o Jazmín de Malabar.
Fueron perseguidos, desterrados y algunos asesinados por ese arraigado ideal patriótico que cada dominicano está llamado a defender con la misma pasión de “Los Trinitarios”.
Y eso incluye preservar de cualquier malsano uso el nombre dado a la sociedad secreta que crearon para legarnos una patria libre y el término utilizado por sus integrantes para identificarse.
Creo que los medios de comunicación dominicanos deberían comenzar a dar el ejemplo de cuidar con celo el calificativo “Los Trinitarios”, evitando usarlo para referirse a los integrantes de esa organización criminal.
Como se abstienen de identificar a un menor de edad que se encuentra en medio de una situación que pudiera afectar su reputación, porque una ley lo prohíbe, en este caso debería ser igual, simplemente por patriotismo.
Siempre me ha provocado un enorme desaliento ver como la fecha del 16 de julio de cada año pasa prácticamente desapercibida en el país.
No puede argumentarse como excusa que la efeméride queda bastante alejada de las celebraciones por el “Mes de la Patria”, las cuales inician el 26 de enero, día del nacimiento del patricio Juan Pablo Duarte, y concluyen el 9 de marzo, aniversario del prócer Francisco del Rosario Sánchez. Igual sucede con los días de la Constitución y de la Restauración de la República.
Un gesto de desagravio por tantos años de olvido con esa importante conmemoración y por la insolencia de integrantes de una banda criminal que actualmente se identifican con el nombre de los forjadores de esa entidad patriótica, sería declarar feriado el 16 de julio y que el asueto sea inamovible.
Podría instituirse con ocasión del 188 aniversario de la fundación de “La Trinitaria”, en el presente año, y así nos vamos preparando como nación para celebrar por todo lo alto el bicentenario de su creación, en el 2038.
Con esa decisión comenzaríamos a otorgarle la relevancia que merece la fundación de La Trinitaria, génesis de nuestra Independencia Nacional.

