Ideando
Más ruido, menos contenido
Una sociedad que aplaude la vulgaridad en los medios de comunicación es una sociedad que empobrece moralmente. Es una sociedad que muestra sin rubor el nivel de su deterioro.
La sociedad está importantizando a sus líderes de opinión por la cantidad de obscenidades que digan y no por la elegancia, inteligencia y conocimiento que expresen. El ruido hace añico la brillantez del pensamiento.
El lenguaje agresivo y excesivamente ofensivo se ha normalizado y es el que más se consume, sobre todo en las plataformas digitales.
Actualmente la viralidad se está imponiendo a la calidad. Lo mediocre se ha normalizado y a nadie le causa espanto los discursos cargados de improperios que se difunden a cualquier hora del día. El deterioro es mayúsculo.
Esta es una situación bastante preocupante porque al parecer los protagonistas de todo este desparpajo, en vez de ser sancionados, son elevados y ponderados como ídolos y modelos de la sociedad; están por encima de todos los valores verdaderos que en ella existen.
La falta de regulación y de sanciones estimulan este tipo de comunicación donde los más perjudicados son los sectores deprimidos de la sociedad porque envilecen y siguen ese patrón en el entendido de que es la manera “correcta” de alcanzar notoriedad y bienestar económico en nuestra sociedad.
Las autoridades, en vez de fomentar otro tipo de comunicación y de premiar los ejemplos verdaderos, se hace cómplice de esta práctica.
Cuando el lenguaje se degrada, también lo hace el pensamiento social de la nación.
El lenguaje no solo sirve para comunicar. También moldea el pensamiento.
La juventud, que suele ser quien más consume los contenidos digitales, está permanentemente expuesta a modelos de comunicación donde lo que prima es la grosería y la pobreza léxica que posteriormente limita la capacidad para disentir, argumentar y construir conceptos sólidos.
El rol social de los medios y de quienes laboran en ellos, debe tener conciencia de que su papel es entretener, educar, informar y aportar a la sociedad con su práctica.
Cuando los medios se degradan, la sociedad completa pierde y se desmorona. Más ruido y menos contenido no debería ser la consigna.

