Desde mi pluma

Lo estrictamente necesario

Esta semana se habló de Ágora Mall tras la muerte de una mujer que cayó desde la torre de parqueos del centro comercial hacia una propiedad vecina. Un hecho trágico que generó conmoción inmediata y volvió a poner sobre la mesa una conversación que incomoda.

Cómo se esperaba, la plaza emitió un comunicado, pero el mensaje fue frío y limitado a lo protocolar. Se limitó digamos que a expresar solidaridad, discreción y agradecimiento a las autoridades, nada más. No hubo contexto, ni señales de revisión, ni indicios de que el hecho obligaba a mirar más allá, pues cabe mencionar que no es la primera, ni la segunda, ni siquiera la tercera vez que ocurre algo así allí.

En comunicación de crisis eso pesa, porque cuando ocurre una tragedia en un espacio de alta concurrencia, donde va toda clase de persona, menores y mayores de edad, la respuesta no puede quedarse en lo mínimo nunca.

Pero esto no solo pasa en Ágora. En los últimos meses hemos visto una tendencia preocupante de suicidios en espacios públicos, plazas comerciales, puentes, edificios, lugares abiertos que se convierten en escenario de estas tragedias. No existen lugares anti-suicidios. Ningún espacio puede blindarse por completo frente a alguien que ha tomado esa decisión. Y, claro que no estoy sugiriendo llenar de verjas y barrotes los centros comerciales.

El punto es asumir que cuando administras un espacio por donde circulan miles de personas al día, también enfrentas riesgos. Y eso implica revisar medidas de seguridad, capacitar personal, articular con especialistas en salud mental (como hizo el Gobierno, habilitando una nueva línea de asistencia para los fines) y comunicar con responsabilidad cuando algo ocurre.

Entonces, si cada vez que pasa, la reacción de estos establecimientos parece un guión insulso que se resume en un comunicado y silencio, la pregunta incómoda, pero necesaria es: ¿Estamos esperando el próximo caso para volver a escribir el mismo comunicado?

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