SIN PAÑOS TIBIOS

La alfombra persa

En geopolítica, la “Alfombra Persa” alude a la estrategia asumida por los ayatolas tras el triunfo de la Revolución Iraní, en 1979. Aislados y rodeados, el régimen proyectó la extensión de su poder sobre la base de alianzas con aliados coyunturales y el fortalecimiento de proxis en Líbano, Siria, Palestina, Yemen, etc.

Para alguien formado en los valores de Occidente, el mecanismo vigente en la sociedad iraní es sencillamente demencial. Aunque la Ciudad del Vaticano –enclavada en el corazón de Europa– constituye la quintaesencia de una teocracia, sus reglas afectan a menos de 1,000 ciudadanos quienes, por demás, las han asumido por libre elección; a diferencia de Irán, Afganistán o el Reino del Desierto, donde la Sharia está por encima de la ley civil, siendo esta última apenas un complemento jurídico.

Tras la caída del Sha, la revolución de los ayatolas apuntaló su poder sobre la base del terror más absoluto, la radicalización religiosa de toda la sociedad, el fortalecimiento del ejército y la creación de unos Guardianes de la Revolución mejor armados y mucho más fanatizados que nadie. Con los ríos del petróleo fluyendo, la inmensa riqueza que pudo haber financiado la diversificación del modelo productivo y mejorar la calidad de vida de la gente, fue destinada a sostener esfuerzos bélicos en el exterior, alianzas proxis y ataques contra el “Gran Satán” y su enemigo acérrimo: el Estado de Israel.

Cientos de miles de millones de dólares después, tras más de cuatro décadas de terror, negación de derechos humanos, anulación de la mujer en la esfera social y política, crisis económica total, etc., la revolución que en nombre de recrear el paraíso de Dios en la tierra prohibió todo lo que no fuera agradable a los ojos de sus líderes, atraviesa su más grave crisis existencial; y esta vez, a diferencia de la guerra con Irak o los ataques de Israel o Estados Unidos, la amenaza no viene desde fuera, sino desde dentro.

Si algo ha demostrado la historia, es que incluso el régimen de terror más absoluto necesita algo más que puro terror para sobrevivir. Sin la legitimidad que brinda un relato justificativo –por no hablar de la satisfacción de las necesidades mínimas de sus ciudadanos–, todo régimen (democrático, monárquico o de fuerza) está destinado a caer… tarde o temprano.

Puede que los muchachos de Langley tengan algo que ver… no sería la primera vez y lo de Mosaddeq está a la vuelta de la esquina; pero, más allá de conspiraciones, apoyos exteriores, amenazas de bombardeos, etc., las bases de sustentación de un régimen anacrónico, despiadado, corrupto e incompetente, están debilitadas.

Irónicamente, en algunas tradiciones iranias, la alfombra del entierro es aquella que envuelve el cuerpo del difunto cuando es trasladado al cementerio. Quizás los ayatolas, sin saberlo, tejieron la suya.

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