UN MOMENTO

La mujer en la Iglesia

La Iglesia reconoce y defiende con claridad el valor insustituible de la mujer. Desde sus orígenes, el cristianismo rompió estructuras que la marginaban y proclamó su dignidad plena ante Dios y el pueblo creyente. 

Por eso siempre vemos en María, la Madre de Jesús, el modelo más alto de vocación femenina.

La mujer no necesita ser sacerdotisa para ocupar un sitial preponderante; su vocación, sus dones y su sola presencia sostienen y fortalecen la Iglesia. Quien ignore su papel desconoce esta verdad fundamental: que sin la mujer, la Iglesia pierde su corazón, su fuerza y su capacidad de irradiar esperanza y santidad al mundo. 

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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