SIN PAÑOS TIBIOS

Abinader y Borges

En un último coqueteo con la eternidad, un fragmento de “La Batalla de Maldon” –poema épico anglosajón que narra la batalla ocurrida en 911– guarda la lápida de Borges en Ginebra.

Los versos 23 y 24 hacen referencia al momento en que el héroe –Byrhtnoth– arengaba a sus hombres antes de la batalla, mientras les aconsejaba cómo sostener “bien sus escudos. Con sus puños firmes y que no temieran. Entonces […] descansó […] Entre aquellos guerreros que él sabía más fieles”.

Volviendo al patio, la deriva comunicacional de los últimos meses no fue accidental, sino más bien un mar de fondo. Disturbios cuyas causas se generaron hace tiempo con estrategias ineficientes, que, sin embargo, se mantuvieron. El quiebre fue el mal manejo de la [fallida] reforma fiscal en octubre. El punto de inflexión donde el gobierno debió reinventarse y no lo hizo, ignorando la frase borgeana de que “Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”.

Palacio procura recobrar la iniciativa. Desde hace dos semanas el gobierno intenta retomar el control de la narrativa… y los cambios se sienten. El presidente salió a inaugurar obras y supervisar; exclama que ha descentralizado la construcción de infraestructuras públicas a niveles históricos, con la misma humildad que reconoce que han fallado en comunicarlo.

Volviendo a la batalla, no deja de ser sintomático que, frente al enemigo que está listo y decidido a dar guerra, parecería que el presidente no tiene muchos guerreros entre los cuales sentirse rodeado de fieles. De enero para acá, un barrido de noticias revelaría que son pocos los funcionarios que han salido a dar la cara por su líder –a coger un fuetazo a su nombre– y que muchos prefieren concentrarse en hacer su trabajo… ¡Cómo si defender al gobierno no fuera el primero de ellos!

Saber que “el hombre no va” pone a muchos a pensar en 2028 y no en 2025, y “preservarse” está de moda. No se puede ser funcionario y guardar silencio bajo la excusa de la institucionalidad, cuando el gobierno al cual se sirve está bajo ataque. El buenismo no aplica ni en política ni en la guerra, y cuando el líder encabeza el combate, toca cerrar filas en torno a él… sin dudas ni guabineos.

Que sólo Yayo, Paliza, Guido y –ocasionalmente– algunos más, hayan tenido que salir al ruedo mediático a defender a Abinader y al gobierno, habla de lealtad, sí, pero también indica que muchos no entienden que en primer lugar se deben al presidente (y al partido), y luego a sus proyectos personales.

En Maldon, Byrhtnoth murió en combate y los soldados más fieles murieron a su lado, porque el honor les obligaba a ello. Perdida la batalla, los que escaparon a la muerte ese día, tan sólo postergaron lo inevitable.

Con el gobierno renovándose, habrá que ver si algunos funcionarios y precandidatos entienden que defender al líder es la única manera de lograr la victoria.

Tags relacionados