Desde mi pluma

Por fin se dijo

Escuchar al presidente Luis Abinader referirse con firmeza a las aspiraciones políticas fuera del tiempo establecido por los órganos electorales fue necesario, oportuno y grato, pues ya se trataba de un tema que se estaba saliendo de control. “Ningún funcionario puede hacer campaña mientras ocupe un cargo público. Si quiere hacerlo, deberá dejar el cargo.” Un pronunciamiento claro y directo. Y qué bien que se dijera.

Desde hace meses hemos visto a ciertos funcionarios convertir sus posiciones en vitrinas personales. Y no se trata de cuestionar el derecho a aspirar, porque eso es parte de la democracia que mucho nos ha costado defender. Lo que se critica, más bien, es hacerlo a destiempo, aprovechando espacios oficiales y recursos públicos para promoverse.

Lo que empezó siendo sutil, se estaba volviendo francamente demasiado evidente. Por eso estas palabras no solo son bien recibidas, sino que tienen un peso especial, al venir del presidente que pertenece a un partido en el que militan muchos de los que han incurrido en estas prácticas. Da muestras de poner límites, incluso cuando se trata de los propios. Ojalá este pronunciamiento no provoque fricciones internas, como ya es por seguro se están tejiendo en silencio. No debería, porque lo expresado es simplemente lo lógico. Estamos en 2025, los comicios presidenciales y congresuales no deberían ocupar la agenda pública al menos hasta mediados de 2027.

La gente observa más de lo que parece, y está cansada de ver funcionarios más atentos a sus ambiciones que a sus responsabilidades. Esta semana, por fin, se dijo en voz alta lo que muchos pensábamos. Y se dijo desde la más alta instancia.

Ahora queda actuar en consecuencia. Porque lo propio para cualquier funcionario, ya sea elegido por voto o por designación debería ser en todo momento servir primero y aspirar después, sin excepción.